jueves, 22 de octubre de 2015

Vinilo XVII - Clics Modernos


Después de la celebradísima y exitosa edición de su primer disco solista Yendo de la cama al living (sobre el ya escribiéramos en este blog; ver aquí), Charly García emprendió a comienzos del 83 un viaje a Nueva York con el propósito de comprar nuevos instrumentos y ver de cerca la movida musical de la gran ciudad. Enseguida se sintió más que a gusto con su gente y sus músicos. Un nuevo mundo artístico de abría a su sensibilísima antena de artista popular. Reencontrando nuevamente a Pedro Aznar, que tocando en la banda de Pat Metheny hacía meses vivía en Estados Unidos, García se hizo de varios instrumentos y empezó a componer canciones que daban cuenta del estado de ánimo exultante que tenía en esta experiencia de viajero inquieto. El talento creativo de Charly no sólo estaba secundado por la prodigiosa técnica de Aznar, una nueva compañera lo asistía en el proceso creativo, una compañera que le haría cambiar la manera de componer y pondría patas para arriba su sentido del ritmo en relación con la melodía: la batería electrónica Yamaha TR808.

Último chiche tecnológico del primer mundo musical, la TR808, obligaba a Charly a componer supeditando la melodía o los sonidos al ritmo machacoso de la electrónica. Un nuevo mundo se abría en la prolífica y genial composición y las canciones, nuevas, contundentes, emotivas, salían unas tras otras para crear algo nuevo que revolucionaria el sonido de una década. El gran músico popular argentino se juega el resto, gastando casi todo su dinero en alquilar horas de grabación en el histórico estudio de grabación Electric Lady (ahí grabaron entre otros Jimi Hendrix y The Clash) y contratando al productor más caro disponible, Joe Blaney, que sería fundamental en la grabación y que luego produciría otros discos clásicos de músicos argentinos, como Alta suciedad de Andrés Calamaro, por ejemplo. Charly se propuso grabar en el estudio con un batero de carne y hueso, pero como nada lo conformaba, y luego de muchas horas de sesiones desperdiciadas, se decidió por respetar las bases grabadas de la batería electrónica y sobre ellas realizar una de los registros fundamentales del rock nacional.

Nacía del cerebro lúcido del gran Charly García el trascendental Clics Modernos. Editado en Argentina el disco desconcertó a todos. ¿Es que ahora el rock argentino se podía bailar? A pesar de ser un disco pop-rock, nunca pierde cadencia, ni las melodías desaparecen sepultadas por el ritmo. El gran bajo de Aznar y el piano maestro de García, junto a otros músicos sesionistas top, logran un puñado de canciones inmortales, que aún hoy parecen sonar en el futuro. Nos siguen pegando abajo, No soy un extraño, No me dejan salir, Nuevos trapos, Plateado sobre plateado, Los dinosaurios. Nunca se había escuchado por estos lados estos nuevos sonidos mágicos, este riesgo estético, este salto hacia adelante tan ariesgado. En principio ampliamente resistido por crítica y público, Clics Modernos se fue convirtiendo en un disco esencial que nadie duda en nombrar como uno de los cinco fundamentales del rock argentino. Todavía sigue sonando como si hubiera compuesto y grabado en el futuro.

lunes, 28 de septiembre de 2015

miércoles, 24 de junio de 2015

Genetics y Steve Hackett: la celebración de una música eterna

Con dos exitosas presentaciones en el Teatro Coliseo los días 17 y 18 de junio, Genetics volvió a los escenarios tras la trágica muerte de su frontman Nacho Rodríguez Genta, estrenando nuevo cantante y con la participación estelar del miembro original de Genesis Steve Hackett. Emoción y magia para recrear como nadie las gemas de la música eterna del legendario grupo inglés.


Quizás los momentos más oscuros nos lleven a otros momentos luminosos y mágicos. Algo de eso deben haber pensado los miembros de Genetics cuando se vieron y escucharon en el familiar escenario del Coliseo acompañados nada más y nada menos que por el legendario Steve Hackett, miembro original del Genesis de los dorados años 70. Si ya habíamos destacado la notable performance de Genetics tocando en forma inigualable esos clásicos eternos, hacerlo junto al guitarrista original, coautor e intérprete de muchas de esas páginas, fue un logro artístico mayúsculo. A las cualidades remarcadas del grupo se le sumó el arte, la entrega y la generosidad escénica y artística de un prócer de la guitarra en dos noches mágicas y eternas. Con una escenografía austera, una iluminación exacta y precisas proyecciones que acompañaron las canciones, lograron el clima exacto para la celebración y el homenaje.

Tomás Price, nuevo frontman de Genetics
Una de las incógnitas de la noche estuvo en saber quién y cómo reemplazaría a Nacho Rodríguez Genta en la voz principal. Tomás Price fue una grata sorpresa; quizás ayudado en que todas las miradas estaban puestas en Hackett, el debutante cantó admirablemente. No tiene la presencia escénica del ausente homenajeado, pero descolló en cada una de sus intervenciones: un verdadero hallazgo. El resto de la banda impecable como siempre. Daniel Rawsi en batería, Claudio Laface en bajo y guitarra, Horacio Pozzo en teclados y Leo Fernández en guitarra son Genesis. Uno cierra los ojos y resulta muy difícil no pensar que está escuchando a la vaca sagrada del rock sinfónico, a la banda más imaginativa, potente, dramática, operística y genial de toda la música progresiva de cualquier lugar y época. Si a eso le sumamos la presencia majestuosa del guitarrista original que tocó en esas grabaciones eternas, sabemos que el banquete estaba servido. Steve Hackett se comportó como un sabio generoso: tocó como nadie lo que tenía que tocar e hizo participar a Leo Fernández en proporciones casi iguales a las de él. El resultado fue magia en estado puro.

El gran Steve Hackett
El arranque fue con Dance on a volcano, primer tema del primer disco post Peter Gabriel; escuchar esos primeros acordes de Hackett erizó la piel. No fue la única vez: Dancing with the Moonlit night, The fountain of Salmacis y Firth of fifth fueron puntos altísimos, casi insuperables. El guitarrista inglés tocó con pasión y en forma inmejorable cada nota. Verdadero maestro de la guitarra, estudioso por años del instrumento y todas sus variantes, dueño de una generosa discografía solista, Steve Hackett no necesita excesivos yeites para deslumbrar ni sumar notas en breves tiempos para demostrar destrezas. Su manera de tocar hace alargar y profundizar el sentimiento de cada nota y cada acorde. Los magistrales y emocionantes solos ejecutados al final de The Lamia y la suprema obra maestra Supper’s Ready (que Genetics tocó íntegramente en su más de 20 minutos en gran forma) fueron demostraciones de que Hackett puede hacer que un instrumento nos hable, nos transporte, nos penetre. El maestro tuvo además un set acústico en guitarra española que desembocó en la genial Horizons, primer y breve track del lado B de Foxtrot, su segundo disco en Genesis.



Los extraordinarios bises con Watcher of the skies y la imperecedera The musical box cerraron una mágica noche de música y emociones. Los Genetics, renaciendo desde el dolor de la pérdida de su amigo y carismático frontman, se encontraron nuevamente con su público, con el talento sabio y generoso de Hackett, con la obra monumental de Genesis, con la certeza de que son bastante más que una banda tributo. Son una forma de arte casi renacentista, que con preciosismo y pasión, reviven una obra eterna. Salud Genetics, el milagro ha sido hecho y hemos podido escucharlo y verlo: Genesis no morirá jamás.

domingo, 17 de mayo de 2015

"Las ideas de Cooke golpean la conciencia de los argentinos"

En una breve y luminosa charla con este blog, Daniel Sorín, autor de John William Cooke, La mano izquierda de Perón, nos habla del legado, la filosofía y la militancia políticas del primer delegado de Perón en la Argentina durante su exilio. El pensamiento claro, el análisis histórico didáctico y la relectura desde el presente de la filosofía política de Cooke desde la lúcida mirada de Sorín, nos traen la mítica figura del Bebe para cuestionar y analizar el presente.

En el prólogo a tu libro decís que traes a Cooke a partir de este presente. ¿Por qué Cooke? ¿Qué cosas de este presente discuten o ponen en escena su filosofía política?

Hoy en la Argentina se discuten “modelos”. Por un lado el definido como “crecimiento con inclusión” y por otro el típicamente liberal de libre mercado. Lo que no se discute son un par de conceptos. Uno: el capitalismo (o sea el sistema basado en la apropiación por parte del capital del valor que agrega el trabajo, la famosa plusvalía) y dos: la dependencia (esto es, la organización del capitalismo mundial en el que las economías dependientes remiten capital a las metrópolis). No nos preguntamos nada sobre esto. Algunos porque asumen imposible salir del capitalismo dado el fracaso del socialismo real, otros porque imaginan una redistribución de la riqueza que no perjudique a los monopolios.
Traigo a Cooke al presente porque él se planteó esta situación y le dio respuestas. Respuestas diferentes según el momento de la evolución de su pensamiento. Ciertamente, el tema cruza su correspondencia con Juan Perón y define los límites de la Comunidad Organizada.

"El común de la gente exige coherencia entre pensamiento y espíritu. Pero resulta que es infinitamente menos complejo pensar bien que ser mejor. Exigir esa coherencia, lejos de hacernos mejores nos obligará a pensar peor." (Daniel Sorín)

Esta biografía, dedicada al Cooke político y militante, excluye cuestiones que tiene que ver con lo personal. ¿Por qué prescindir de estos tópicos para escribir sobre un personaje histórico? ¿No crees que estas cuestiones ayudarían a entender o conocerlo en forma más completa?

La pregunta es magnífica y la contestación será rara, rara para un novelista: lo que me interesó fue una biografía de su pensamiento. Por supuesto que no es tarea menor una biografía íntima, pero lo que golpea en la conciencia de los argentinos de hoy son sus ideas no sus peripecias personales. No le conozco agachadas al Cooke, al menos que consideremos que ser cocainómano, alcohólico, jugador y mujeriego lo sean. Dicho de forma sintética: conocer mejor a John no nos acerca más a su pensamiento. Un pensamiento complejo, de grandes mutaciones (del radicalismo antiyrigoyenista al marxismo) que no tienen relación con lo bien que bailaba el tango.
(Por otro lado, el común de la gente exige coherencia entre pensamiento y espíritu. Pero resulta que es infinitamente menos complejo pensar bien que ser mejor. Exigir esa coherencia, lejos de hacernos mejores nos obligará a pensar peor.)
No obstante, estuve tentado, te aclaro, porque hay un libro tan mentiroso y cobarde como gorila, al que habría que contestar.

Tras el golpe del 55, Perón nombra a Cooke como su primer delegado en el país. Sobre él recae la enorme tarea de organizar la resistencia. ¿Qué vio Perón en él? ¿Por qué un todavía muy joven dirigente, desconocido para muchos, debía ocuparse de esa enorme responsabilidad?

Cooke ya era conocido. Fue desde 1946 a 1952 diputado nacional y figura clave de la bancada peronista. No integró la lista a diputados del 52 por ser un peronista que se tomó en serio las tres banderas: justicia social, independencia económica y soberanía política. Esto lo hizo profundamente antiburocrático. En la Argentina y en política, la palabra “burócratas” está ubicada en una amorosa vecindad con la palabra “traidores”. Los burócratas eran para Cooke los adulones que fingían estar con el pueblo pero operaban en su contra. En 1966, en su Informe a las bases, definirá de manera precisa lo burocrático como un estilo que opera con los mismos valores que el adversario. Es decir, como un falso adversario del adversario.
Veamos un poco. El 17 de junio de 1954 escribe en su revista De Frente (número 15) un artículo que se llama: “Quiénes facilitan la infiltración comunista”, allí dice:

En los últimos años se ha advertido una peligrosa inclinación en muchos dirigentes sindicales. A poco de llegar a las comisiones directivas, saltando de fábricas y talleres, el flamante dirigente “descubría” un nuevo mundo. Generalmente, el descubrimiento comenzaba con la compra de un sombrero Orión. Luego con los cigarrillos rubios, por supuesto extranjeros. Después, el automóvil, cuanto más largo, mejor.

Con Orión, “Chésterfield” y “bote” la vida resultaba distinta, la fábrica lejana, y sus compañeros obreros, con sus problemas diarios, una cosa realmente molesta. A medida que se internaba en el reconocimiento de la nueva vida [...] perdía el poco o mucho arraigo que había tenido en la masa. Se abría un abismo entre el señor dirigente y sus compañeros obreros. Éstos debían hacer antesala para verlo a aquél, mientras el señor dirigente, a su vez, hacía antesala en las oficinas públicas persiguiendo las cosas más dispares, desde un negocio personal hasta una solución para algún problema gremial que, desconectado de la masa, no se atrevía a encarar.

Notable fragmento que en pocas palabras describe la génesis de la “burocracia sindical”. Cuando en el 55 se produce el bombardeo a Plaza de Mayo, Perón lo llama porque para impedir el golpe los burócratas no servían. Pero el golpe ya era inevitable porque, como pronto se dará cuenta Cooke, el frente del 45 estaba definitivamente roto. Ni el Ejército ni el clero ni los industriales nacionales sostendrían al gobierno.
Producido el golpe, Perón en el exilio pide resistir de las maneras más violentas, llamando incluso a asesinar a los gorilas. Cooke está preso (Las Heras, Devoto, Ushuaia) y es en esas cárceles que junto a César Marcos y Raúl Lagomarsino fundan los primeros comandos. Perón sueña con una insurrección, y para eso Cooke y la izquierda del peronismo (los peronistas antiimperialistas) eran necesarios. Ambos, Perón y Cooke, trabajarán por la insurrección hasta que se convencen de que es imposible. Hacia fines del 57 ambos saben que el pueblo peronista no estaba dispuesto a aguantar seis años del partido de la Libertadora (Balbín) y que votará por Frondizi que promete derogar el decreto 4161 y volver a la Constitución de 1949. Es cuando los dos Juanes hacen el pacto con Frondizi.


"La oligarquía no solamente es dueña de las cosas: también es dueña de las palabras: libertad, democracia, moral. La democracia y la libertad se definen a partir del mundo liberal burgués. " (John William Cooke)


Los cuatro que firmaron el pacto (Perón, Cooke, Frondizi y Frigerio) sabían que era incumplible. La clase obrera enfrenta al gobierno de Frondizi (en 1958 las huelgas alcanzan a 6 millones de días laborables por trabajador y en 1959 a 11 millones). Para ese entonces Cooke piensa que, para no traicionarse, el peronismo debe ser obrero, apoya las huelgas y, aunque no la dirige, está en la primera línea de combate en la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre (enero de 1959). Frondizi reprime con tanques del Ejército la huelga, la parodia democrática había acabado. La toma fracasa por la traición de la burocracia sindical, Vandor pide la cabeza de Cooke y Perón acepta y lo saca definitivamente del círculo de las decisiones. Aquí hay que apuntar algo importante: el capital político de Cooke no era propio sino el otorgado por Perón, Cooke era líder por delegación.
La vida de John corre peligro y decide viajar a Cuba (el triunfo de Castro es simultáneo con la toma del frigorífico, enero del 59). Nadie puede saber cuándo Cooke adopta el marxismo (que en él no es contradictorio con el peronismo), yo estoy convencido que cuando viaja a Cuba ya es marxista, pero es opinable. En Cuba escribe uno de sus textos más memorables y que recomiendo: “Aportes a la crítica del reformismo en la Argentina” (que se puede consultar en la edición facsimilar de Pasado y Presente editada por la Biblioteca Nacional), que es un informe a Fidel Castro sobre el Partido Comunista Argentino. Una crítica demoledora por izquierda al partido de Codovilla. En esos años tratará de influir en Perón a favor de la tendencia revolucionaria que recorre el continente.
Contestando a tu pregunta (y dejando tanta cháchara): Perón usó a Cooke cuando le convino y Cooke usó a Perón todo lo que pudo. Fueron todo lo sinceros que podían ser, poco por cierto, pero tengo la sensación que ambos se respetaron. En este sentido es muy reveladora la contestación de John a la invitación del Grupo Cóndor (Hernández Arregui), pero eso lo dejaremos para no extendernos más.

Siempre pensé que la dramática y exagerada adulación pública de Eva hacia Perón llevaba implícita una exigencia enorme hacia el líder. Cooke, en otro momento histórico, va más allá; sin dejar de reconocer y hasta admirar el liderazgo de Perón, lo cuestiona y discute tratando de forzarle definiciones. ¿Cómo analiza ese comportamiento de Cooke en sus formas y en sus contenidos?

Buena parte de la pregunta está contestada en la anterior. Perón es el líder bonapartista de un movimiento que busca la conciliación de clases, la conciliación entre el capital y el trabajo. Esto es indiscutible, solamente hay que leer “La comunidad organizada”.
Cooke integró el peronismo en tanto movimiento nacional. Hasta la resistencia combate las “desviaciones” burocráticas, pero durante la resistencia se da cuenta de que son más que desviaciones: si la burguesía nacional ha pactado con el imperio, entonces el peronismo no puede ser conciliatorio sino obrero o dejará de ser nacionalista. Plantea que un nacionalismo que no fuera antiimperialista no es nacionalismo. Dicho sintéticamente: su peronismo se distancia del peronismo de Perón, en tanto es un peronismo revolucionario, obrero y no burgués.


"La izquierda argentina se divide entre dos bandos, tan burdo uno como el otro: los que piensan que Menem es igual a Kirchner y terminan haciendo asquerosos acuerdos con la Sociedad Rural; y los que se encolumnan acríticamente con el gobierno y terminan comprados por un puñado de cargos." (Daniel Sorín)

El peronismo es muchas veces un significante vacío que cada quien llena con lo que le parece o le interesa. Cooke, desde el marxismo, le encontró un sentido y luchó para forzar a Perón a que se decidiera por su visión. ¿Puede el peronismo actual encontrar un sentido único a su pertenencia política? ¿Tiene sentido plantearse al peronismo como una herramienta de cambio social que revolucione estructuras? Parecería que hoy en día sólo debe conformarse con la redistribución.

Pensemos más allá de las etiquetas que son confusas, especialmente la etiqueta “peronismo” que es extremadamente difusa en sus límites. Una redistribución sin modificar los cimientos de la estructura social no puede ser más que un veranito efímero. El kirchnerismo, que es el peronismo de esta época (líquido comparado con el del 45-49, como líquida es nuestra época con respecto a aquella) después de 12 años de gobierno se salda por derecha. Gane con Scioli o pierda con Macri, lo que viene es un avance de la derecha (lo que no quiere decir que sea lo mismo que gane Scioli o Macri). La razón es evidente y no la ven los que no quieren verla: la economía sigue en manos de los mismos monopolios extranjeros, de los mismos bancos, de los mismos consorcios agroexportadores y de una industria a la que ni se le pasa por la cabeza desarrollar el sector 1 de la economía (máquinas que hacen máquinas) y que solamente se dedica a algunos productos de consumo. Tarde o temprano la lógica política hace (en especial en las semicolonias) que el poder político sea sinónimo del poder económico y el veranito se acaba.
Un par de cosas finales. Uno: No comparto la idea de Cooke de que el único nacionalismo es el antiimperialista. Es el único nacionalismo revolucionario, pero existen nacionalismos más tibios (como el kirchnerismo) que no pueden obviarse. Es interesante esto. La izquierda argentina se divide entre dos bandos, tan burdo uno como el otro: los que piensan que Menem es igual a Kirchner y terminan haciendo asquerosos acuerdos con la Sociedad Rural; y los que se encolumnan acríticamente con el gobierno y terminan comprados por un puñado de cargos.
Dos: un verano, aunque pasajero, es un verano. Soy un trabajador que ha sufrido, a veces más a veces menos, la suerte del común de los trabajadores y no se me escapa ni por un instante la diferencia entre la inclusión en un sistema injusto y la definitiva exclusión, la diferencia entre un plato de comida caliente y el hambre. No rechazo ese verano, rechazo la ilusión que promete.


El libro, el autor


Daniel Sorín nació en Buenos Aires en 1951. Novelista, ganó el premio Emecé de Novela en 1998 con Error de cálculo, y editó entre otros libros, El dandy argentino (2000), El hombre que engañó a Perón (2008) y La última carta (2013). Es editor, además, de las revistas culturales Abanico y La púrpura de Tiro. En John William Cooke, la mano izquierda de Perón encara una biografía política de uno de los más grandes ejemplos de lealtad, coherencia y lucha. El trabajo documental de Sorín es meticuloso y apasionado, dando a la palabra y los textos de Cooke el espacio necesario para iluminar el presente con claridad y honestidad intelectual nuestro presente. El autor es llano y directo, contextualizando y dando marco histórico y teórico a cada palabra de Cooke. Una biografía alejada de las cuestiones personales del personaje que se transita con deleite hasta la última página. El pensamiento y labor política y militante de John Cooke no podrían encontrar mejor homenaje que este libro.

martes, 21 de abril de 2015

El futuro llegó hace rato

Una lectura de Ciencia Ficción, Utopía y Mercado de Pablo Capanna

¿Está cumplido el ciclo de la ciencia ficción en la industria cultural? ¿Alguien puede levantar la mano para arrogarse el derecho a enterrarla? ¿Todavía puede la ciencia ficción configurar el imaginario del siglo XXI como lo hizo con el siglo XX? La relectura de la obra cumbre de Pablo Capanna, Ciencia Ficción, Utopía y Mercado, nos emplaza a cuestionarnos el lugar del género en nuestro tiempo y repasar la importancia capital de su aporte a la construcción del mundo tal como lo conocemos hoy en día. En 1966, Capanna (profesor de filosofía y periodista) había escrito el que se considera el primer ensayo en castellano destinado al género. Con un agregado extra notable: su trabajo le dio entidad a manifestaciones dispersas de cultura popular hasta ese momento subvaloradas o directamente despreciadas. Con los años, el autor corrigió, aumentó y actualizó este ensayo, hasta finalmente en el año 2006, terminarlo en la versión que nos ocupa en estas líneas.


I

Antes de la ciencia ficción hubo una pre ciencia ficción. Edgar Allan Poe, Lovecraft, Mary Shelley, comenzaron el camino. Más tarde el prolífico Jules Verne y H. G. Wells, entre otros, fijaron los cimientos sobre el que se edificaría el edificio. Capanna no duda en calificarlos. Del autor de De la tierra a la luna dirá que su tarea fue más pedagógica que revolucionaria. Anclada en una visión positivista, Verne exaltaba el individualismo, la libre empresa, el poder de la tecnología. Era el autor que preparaba a los administradores coloniales enseñando geografía y ciencia aplicada. Su imaginación era conservadora, sus predicciones se movían dentro de lo posible. En cambio Wells, más poético, no aplica la ciencia, la inventa. Arriesga y no siempre gana, jamás se refugia en la previsibilidad. En ese marco, juega con el tiempo, los extraterrestres, el darwinismo salvaje y enfermo. La máquina del tiempo y La guerra de los mundos son dos novelas perturbadoras. Por estas playas autores como Bioy Casares lo leyeron con devoción; ahí está eterna La invención de Morel, que tanto le debe al autor de La isla del Doctor Moreau. Pero no puedo dejar acá de referirme a mi experiencia personal como lector: 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne es un libro fundamental, envolvente y genial que significó mi primera experiencia movilizadora como lector.

II

Entrado el siglo XX, en 1926, un editor de publicaciones técnicas norteamericano llamado Hugo Gernsback funda una revista dedicada al tema y le puso nombre al género. Scientifiction fue la palabrita elegida, luego derivada a science fiction: la criatura tenía nombre y pronto también tuvo éxito. La industria hizo el resto: decenas de revistas con tiradas millonarias, los famosos pulps, formaron a generaciones de lectores y transformaron a un género literario en un fenómeno de masas único y fundante del imaginario colectivo del siglo. Los fans norteamericanos nombraron a Gernsback padre del género; para los europeos sólo fue el que trivializó el fenómeno haciéndolo masivo, perdiendo profundidad y calidad. Los pulps dedicados a la ciencia ficción mezclaron monstruos de ojos saltones, el hiperespacio y los platillos voladores, formando una legión de fans; el imaginario de varias generaciones quedó sellado a fuego con sus imágenes. Para la segunda mitad del siglo las revistas empiezan a dejar el sitial a la literatura, los académicos las descubren, le dan entidad y prestigio y aparecen los autores que generaron obras claves del género. Philip K. Dirk, Arthur C. Clark, Isaac Asimov, Ray Bradbury, entre muchísimos otros, plantaron mojones ineludibles convertidos en clásicos no ya sólo del género, si no de la literatura universal. Y más tarde, aparece el último estadio de la masividad: el cine y la tv. Kubrick, Spielberg, Riddley Scott, George Lucas. En 1968 se estrena 2001 Odisea del espacio, de Stanley Kubrick, obra cumbre del género y de la cinematografía, que provocó una revolución con novedosos efectos especiales y su historia metafísica basada en una novela de Clarke. Sin esta obra de arte, no hubiera podido existir Star Wars, por ejemplo, y toda la imaginería e industria que marcaron y siguen marcando a generaciones. En tv, la serie Star Treck (Viaje a las estrellas) configuró un verdadero fenómeno que atravesó la pantalla chica para transformarse en verdadero culto, con club de fans, convenciones e interpretaciones para todos los gustos. La ciencia ficción reunía ya el combo perfecto para la industria cultural: público creciente, prestigio académico y éxito comercial. Volvamos brevemente a lo personal: Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, es una historia genial, que marcó a fuego mi preadolescencia y que siempre tendré gusto en volver a ver.

III

¿Y por casa qué se cuenta? Algunos ven en la curiosidad científica del Lugones de Las fuerzas extrañas un acercamiento a lo que sería más tarde parte del género. Bioy, Borges y hasta el mismo Cortázar con algunos de sus relatos fantásticos se acercaron al tema. Promediando el siglo XX, empiezan a aparecer revistas de gran calidad y excelente tirada: Más allá, Minotauro, Hombres del futuro, El Péndulo. Además de las revistas locales, que repetían textos de las norteamericanas pero que empezaron con el tiempo a incluir cada vez más escritores locales, la historieta nos dejó un legado hoy convertido en leyenda. El eternauta de Héctor Oesterheld con dibujos de Solano López, trata un tópico clásico del género: la invasión extraterrestre dispuesta a destruir nuestro hogar, pero con un agregado: la historia la protagonizan personajes cercanos en lugares propios. Las calles de Buenos Aires, la cancha de River, el lenguaje y las costumbres de los héroes, todo remite a nuestro ámbito y nuestras cosas. Sumado a esto, la interpretación política: el héroe en grupo, la resistencia al invasor, la solidaridad. El eternauta es la cumbre de un género y su soporte (la ciencia ficción y la historieta) y una obra de arte popular inigualable, hoy ya parte del canon de nuestra literatura.

IV

Entre utopías, ucronías y anticipaciones, a veces mezclada con lo fantástico, la ciencia ficción coqueteó a los largo de los años con los curiosos científicos y técnicos, los divulgadores, los fantasiosos, las historietas y las películas clase B, los marcianos y los ovnis, las naves espaciales y las distancias siderales, los autores de culto y las sagas, navegando entre la metafísica, la religión o la simple curiosidad. Un género que dejó hace tiempo su adolescencia, pero que todavía puede entusiasmarnos como chicos. Un mundo paralelo en donde podemos torcer el pasado para crear un mejor presente, imaginar un futuro que nos permite construir utopías, anticiparnos e imaginar una forma de vivir que sentimos puede llegar a realizarse. Una superchería de imaginación pura, un género que existirá mientras tengamos la voluntad de jugar con el tiempo y la ciencia. Este ensayo ya clásico de Pablo Capanna nos invita a un placentero, documentado y erudito viaje por el maravilloso mundo de la ciencia ficción.

viernes, 13 de marzo de 2015

Vinilo XVI - Bicicleta


Cuando hoy en día hablamos de Serú Girán nos referimos a una banda clásica que trascendió generaciones y gustos musicales, transformando sus canciones y sus discos en éxitos incorporados definitivamente al ADN de eso que llamamos rock nacional. Sin embargo, no todo fue tan fácil al principio. Su primer disco, editado en 1978, fue recibido fríamente por la crítica y con indiferencia y hasta hostilidad por el público. Charly García, David Lebón, Oscar Moro y un jovencísimo Pedro Aznar, habían logrado un combo de poesía, precisión instrumental y armonización vocal inéditos, que no encajaban con el momento histórico, el más negro y tenebroso de la historia argentina. Tras la edición de La grasa de las capitales el genio de Charly vuelve a orientar la antena de su poesía hacia la sociedad y las cosas comenzaron lentamente a encaminarse. Artistas y público habían logrado enlazar sintonías.

Con la edición de Bicicleta en 1980 el esplendor artístico de Serú Girán brilló como nunca en un disco que es casi unánimemente considerado como el mejor de la banda. Charly destella como letrista y músico y el resto da lo mejor de sí para dejar un testimonio sonoro único e irrepetible. La placa abre con A los jóvenes de ayer, suite con aires tangueros y progresivos, de excelencia melódica y ambiciosa confección donde cada uno de los músicos  se luce en forma espléndida. En Cuanto tiempo más llevará la dupla compositora García-Lebón nos deja una pieza clásica. Pedro Aznar tiene su momento solista en Luna de marzo, anticipo de lo que este brutal bajista podía dar y una muestra de todas las inquietudes musicales que todavía tenía por explorar. El cuarteto brilla con Encuentro con el diablo, clásico de clásicos, en donde los cuatro héroes se muestran insuperables. Los tipos estaban componiendo páginas indelebles y clásicas de la música popular argentina.

Pero es el gran Charly García el que deja en el disco una marca eterna, una huella profunda, una poesía y una composición y ejecución brillantes en dos de las gemas más valiosas de su prolífica producción. En Canción de Alicia en el país cuenta como nadie qué es lo que pasa en una Argentina salpicada de sangre, con una letra en donde combina en dosis exactas metáforas oscuras (“…un río de cabezas aplastadas por el mismo pie / juegan criquet bajo la luna...”) con líneas del más crudo realismo (“…no tendrás poder, ni abogados, ni testigos…”). En Desarma y sangra, nos deslumbra y emociona con una lección de piano y poesía que ningún músico popular argentino pudo igualar jamás. La obra de un genio inigualable en estado de gracia. Serú plantaba un mojón altísimo de calidad, poesía y un profesionalismo escénico que sólo sería alcanzado años más tarde por bandas como Soda Stéreo. La música popular argentina alcanzaba una cumbre altísima que emociona volver y volver a escuchar.

sábado, 21 de febrero de 2015

Stella y los caprichosos de la pizza # 1

De las ideas más delirantes surgen los resultados más divertidos. Junto a mis amigos Cristian   Vázquez y Octavio Echevarría grabamos este primer capítulo de lo que dimos en llamar Stella y los caprichosos de la pizza, fruto de nuestras locas charlas improvisadas. Creo que se deja escuchar.



jueves, 12 de febrero de 2015

El arte de contar un viaje entre la aventura y la soledad

Una lectura del Unos días en el Brasil (Diario de viaje) de Adolfo Bioy Casares

Entre otras maravillas literarias, Adolfo Bioy Casares fue un incansable y fantástico diarista. Descanso de caminantes y el monumental y polémico Borges dan sobradas muestras de su inagotable talento e ingenio para el registro metódico de cada actividad, observación y curiosidad diarias. En 1991, en una limitadísima tirada de 300 ejemplares, Bioy editó para lectura de amigos y conocidos, un delicioso y hasta hace poco inhallable Unos días en el Brasil (Diario de viaje), en donde utiliza, con el gusto de siempre y una destreza inigualable, la magia modesta de su escritura feliz y fantástica. El autor de El héroe de las mujeres, invitado a un congreso de escritores en Río, aprovecha la estadía para abandonarse a la soledad y la aventura, sin descuidar a las mujeres, sus eternas compañeras, y la fotografía, su afición inseparable en cualquier viaje. Esta pequeña aventura literaria fue recientemente publicada junto a un brillante posfacio de Michel Lafon, que nos abre al comentario de una situación recurrente en los estudiosos de la obra completa de un autor: ¿qué preguntarle cuando por fin accedemos a él?

I

“¿Para qué voy a ir, si yo no hablo? Soy escritor por escrito”, se queja Bioy con su educado ingenio cuando lo obligan, en julio de 1960, a asistir a un congreso del PEN Club, asociación de escritores de fama mundial, de la que forma parte desde hace años. Aceptando a regañadientes se sumerge en un mundo casi irreal de escritores pedantes y burócratas de la literatura, que se turnan para discursos plagados de lugares comunes y buenas intenciones. Estoico, sufre las formalidades, las comidas compartidas, los aburridos funcionarios, el discurso que debe dar. “No hay salvación: tengo que hablar. Balbuceo tres o cuatro palabras, en voz muy débil; quedo trémulo y extenuado.” Lo suyo es la escritura, que contra el cansancio y los horarios estrictos, logra siempre triunfar. Y las mujeres, por supuesto, que a pesar de que le son extrañamente esquivas en esos días, no se priva de observar. Ve, por ejemplo, a “una francesa que vista de atrás es inobjetable.” Día a día, nuestro autor escribe breves páginas en una prosa ágil, concreta, casi estricta, que si tiene ese tono impuesto por el formato, este tiene tal perfección que constituye la cima de una manera de narrar. Los últimos escritos de Bioy tienen este sello, como si el ejercicio constante de la escritura de un diario le hubiera revelado cómo debía escribir y contar. El viaje y las obligaciones le dejan resquicio a la curiosidad; nuestro héroe visita una Brasilia todavía en construcción (“es ambiciosa, futura, pobre en resultados presentes, incómoda”)  y San Pablo (“es desmesurado, no hermoso”), en viajes relámpagos que le permiten a su ojo aguzado de eterno viajero captar y describir en palabras y fotografías (alguna de ellas publicadas en el libro) lo que alcanza a ver.

Fotografía tomado por el propio Bioy en su visita a Brasilia el 27 de julio de 1960.

II

El pequeño libro tiene un lado B maravilloso que nos descubre el amor de un estudioso por la obra de su autor favorito. El posfacio de Michel Lafon, especialista en literatura argentina de la Universidad Sthendal de Grenoble, Francia, muestra con la emoción entre las manos, el amor de un hombre de letras por la obra de Bioy; los primeros pasos torpes, luego íntimos, de la amistad que terminó uniéndolos; la tristeza del adiós inevitable. Pero de este posfacio, escrito desde el más profundo cariño y admiración, rescato una anécdota del primer encuentro entre Bioy y Lafon, entre el admirado y el admirador. El francés está aturdido por la posibilidad de charlar con el escritor que admiró toda su vida, está emocionado, conmovido, pasa horas sin dormir repasando su obra antes de la entrevista, anota preguntas que no quiere olvidar. Y cuando por fin llega el momento, que Bioy maneja con su proverbial y reconocida elegancia y caballerosidad, siempre preocupado por no incomodar al interlocutor, Lafon titubea, pregunta obviedades, se hipnotiza por la presencia del escritor que más conoce y más admira. ¿Pasará siempre esto ante situaciones análogas? ¿Balbucearemos tonterías en el momento cumbre de estar con aquello que más admiramos? ¿Nos dará tiempo la situación de reponernos e intentar aprovechar la oportunidad? Bioy, ya anciano, sabio, no espera que reaccione, abre la puerta a que Lafon, en otras situaciones que derivaron en una amistad, logre la felicidad del diálogo lúcido con el autor de La invención de Morel.

III


“¿Por qué ser escritor, en vez de vivir?”, se pregunta Lafon hacia el final de su emocionante posfacio. Para transformar cualquier día de la vida en una aventura digna de ser contada. En la pluma, con el genio y la sabiduría, con la inmortalidad de las palabras de Bioy, el escritor argentino que logró comprender como nadie a todo aquel que lo rodeara y que aprendió escribiendo cada día de su vida, que la aventura puede estar en las orillas de una playa de una isla desierta, pero también en la soledad de un cuarto de hotel en un viaje efímero y casi irreal.

lunes, 13 de octubre de 2014

Se lee por ahí # 3

"Como envejecer, la locura sólo consiste en dejarse llevar naturalmente. Lo inusual y artificioso es la sospechosa cordura". La mujer ducha, de Juan Sasturain.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Vinilo XV - ...para piel de manzana


Joan Manuel Serrat ha demostrado en sus largos años de carrera artística que no ha escapado ni a las definiciones políticas ni al compromiso con distintas causas sociales, incluso hasta afectando la difusión de sus propia obra y en algunas circunstancias, hasta poniendo en juego su propio pellejo. En 1975, mientras se encontraba de gira por México, condenó en forma tajante a la dictadura franquista y a su conducta represiva a raíz de la condena a muerte de un grupo de militantes. El régimen no dejó escapar la oportunidad: emitió una orden de búsqueda y captura a su nombre que lo obligó al exilio en México. Como cuando todavía cantaba toda su obra en catalán, Serrat volvía a verse perseguido y censurado. El trance le provocó casi un año de no poder ni siquiera componer, aterrado por no saber si algún día podría volver a su país.

Justo ese año, Serrat editaba …para piel de manzana, un nuevo álbum de canciones que volvía a alejarlo de las letras en catalán, que afianzaba definitivamente su alianza musical con el que sería su arreglador y director musical de toda la vida, Ricardo Miralles y lo confirmaba como un gran poeta del amor y estupendo observador costumbrista de una España provinciana que se esfumaría durante la transición democrática. El tema que le da nombre al disco es una hermosísima confirmación de lo primero y La aristocracia del barrio o Caminito de la obra dan cuenta sobradamente de los segundo. Pero la persecución franquista afectó la difusión y conocimiento de este disco que mostraba a Serrat afianzado como letrista y cantante popular.
Hay otras joyas cuasi escondidas en el disco. Malasangre, con una bella letra dedicada a un perro; Conversando con la noche y con el viento, un bello poema; La casita blanca, descripción romántica de un lugar para el amor. Sobre el final, Serrat ejercita aquello que tanta popularidad y prestigio le diera, musicalizando unas breves líneas del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, Epitafio para Joaquín Pasos, hermosa reflexión sobre los legados de un poeta a su pueblo. El exilio del catalán duraría un año, que Serrat temió fuera terrible para su obra y para su vida. De vuelta en su patria esta pésima experiencia serviría para acrecentar la fama y la popularidad de su cancionero eterno. Y ahí estaría …para piel de manzana para volver a instalarlo como un artista fundamental de la resistencia al régimen que empezaba a agonizar.

domingo, 14 de septiembre de 2014

100 veces Bioy


Hoy, 15 de septiembre de 2014, se cumplen cien años del nacimiento de Adolfo Bioy Casares, uno de los más grandes escritores de habla hispana, cuentista excepcional y autor, entre otras, de la novela que le da nombre a este blog. En estas líneas que se escriben a propósito de un número redondo y perfecto, que curiosamente Bioy comparte con otro dios del Olimpo de los escritores argentinos, Julio Cortázar, hablaré breve y emocionalmente de mi comercio particular con su obra. ¿Qué otra manera se puede encontrar de trasmitir la pasión que despiertan las ficciones, la elegancia y la fantasía de su literatura inmortal? 

El primer cuento que leí de Bioy fue “Cavar un foso”, estupendo relato entre policial y de amor, que reúne una arquitectura potente y un relato de amor solapado. Sin dudas un cuentista sabio y excepcional. Pero claro, Argentina tuvo, tiene y tendrá, una tradición en la materia que hizo de ese relato uno más entre los cientos de cuentos de esa estirpe que enorgullecen nuestra literatura. Superada mi imperdonable ignorancia, su genial obra recién comenzó a volarme la cabeza con la lectura de El sueño de los héroes. Hay en esta novela tantas maravillas acumuladas (la excepcional trama fantástica, el costumbrismo detallado, la reconstrucción portentosa de un Buenos Aires pretérito, la creación de personajes sólo comparable a la de Arlt), que, a mi gusto personal y subjetivo, la convierten en la mejor novela argentina.
Obviaré aquí el aporte eterno a la literatura universal que significó La invención de Morel, hoy de lectura casi obligatoria en el sistema educativo argentino, lo que causaría comentarios entre piadosos y jocosos del propio autor. No hace falta decirlo, este libro es una de las cúspides de la literatura fantástica. Perfecto, según lo definiera su amigo Jorge Luis Borges. Pero quisiera detenerme en esa caballerosidad antigua, esa humildad rayana en el estoicismo, en su conocimiento enciclopédico del alma femenina, en ese porte permanente de dandy. Osvaldo Soriano, que lo reverenciaba, dijo de él: “No he conocido otro hombre de genio que respete tanto a sus semejantes ni que los entienda mejor”. Esas palabras del autor de Una sombra ya pronto serás describen como nadie la figura ya mítica de Bioy Casares.

“Algunas amigas pensaron que en mis cuentos de amor me burlo de las mujeres, porque a veces las presento en situaciones ridículas o frívolas. Les puedo dar mi palabra de que están equivocadas. Todos sabemos que el escritor satírico bromea con lo que más quiere y también con lo que más le duele. Mi vida ha pasado entre mujeres; mis interlocutores más constantes –salvo unos pocos amigos- siempre fueron mujeres; si en mis cuentos deslizo alguna queja, entonces, no es por indiferencia hacia ellas sino porque de alguna forma yo he sido su mártir.”

Estas líneas de Bioy, extraídas del prólogo a su libro Historias de amor, describe como pocas la elegancia y las pasiones de la obra de unos de los pocos, acaso el único escritor argentino de su época, que transmite su alegría al escribir, su alegría por ser escritor. 


Alguna vez escribí: “Si pudiera algún día construir perfecciones como El perjurio de la nieve o El nóumeno sabría lo que es ser feliz como escritor.” Abandonada la utópica pretensión, me conformo con la felicidad eterna de su lectura. La lectura de la obra del irrepetible último caballero de la literatura argentina: el gran Adolfo Bioy Casares.

domingo, 27 de julio de 2014

El clon

Hace como un millón de años escribí este texto, al que considero mi primer cuento verdadero. Hijo bobo de mis lecturas de Ray Bradbury, ha empeorado mucho con el tiempo, pero le tengo mucho cariño.


 No quiero falsas interpretaciones ni suspicacias surgidas de alguna divagación, pero el clon de Verónica me incomoda. Es que todavía no me entra en la cabeza que se haya ido así, con una simple nota dejada sobre la mesa, explicando lo inexplicable. Que la misión científica, que el mantenimiento del satélite, que las nuevas bacterias, que su gran posibilidad de progreso y reconocimiento. Nada me consuela o me contiene. Menos que nada la presencia de este clon.
Por supuesto que en principio su exacto parecido a Verónica me asombró; es más, puedo decir que durante horas estuve paralizado. No hace mucho que los clones humanos se comercializan y su precio es altísimo. Como demostración de preocupación por mi suerte sin ella era apabullante, y debo decir que ignoró completamente mis reservas y cuestionamientos al uso de clones humanos. Supuso que lo usaría, que conversaría con él, que saldríamos a comer, que dormiríamos juntos. Verónica clonaba desde hacía veinticinco años a un par de pájaros vistosos extinguidos no sé en que zona de Centroamérica. Jamás imaginé que se animaría a clonarse a ella misma por un viaje de cinco años a un rincón del sistema. Nunca soñé convivir con el clon de la persona que más amaba.
Lo más cuestionable del uso de clones era la tarjeta cerebral. En ella el laboratorio registraba la suma de informaciones físicas y emocionales que el comprador requiriera, en un complejo sistema que se implantaba en el circuito nervioso del clon y que, en definitiva, deformaba arbitrariamente los comportamientos del original. Es decir, el clon lo era físicamente; lo psíquico sufría variaciones muchas veces impredecibles. Cuando dos siglos atrás los primeros clones aparecieron en el universo científico, el hecho se limitaba a copiar células y a partir de ahí el nuevo ser nacía de una concepción clásica. Eran nuevos seres. Los nuevos clones aprobados por la legislación del sistema eran simples copias reproducidas en la edad que se quisiera. Ya se comentaba en el ambiente científico, de la que Verónica formaba parte por su condición de bióloga, que muy pronto cualquiera podría pedir un clon de sí mismo con menos edad que la actual.
No era el caso de Verónica; su clon tenía treinta y seis años como el original. Me lo entregaron el mismo día que encontré la nota de despedida. Completamente asombrado ni siquiera escuché con atención las explicaciones del asesor que me acompañó casi toda la tarde convenciéndome de las bondades del producto y de cómo actuar ante cada contratiempo que pudiera suceder. Firmé media docena de papeles, juré ante un oficial de justicia usar legal y racionalmente el clon y me comprometí a llevarlo a mantenimiento una vez por semana para revisar la tarjeta cerebral y comprobar que el estado de salud sea óptimo.
Mientras cumplía con las formalidades me costaba mirar al clon. Sólo sonreía y parecía pedirme permiso con la mirada para sentarse o pasearse por la habitación. El parecido helaba la sangre y por un momento me dieron ganas de insultarlo como si él mismo hubiera sido Verónica. Pero no lo era. Y la confusión ya empezaba a molestar antes de la convivencia, antes de poder cruzar alguna palabra. Sentí curiosidad por tocar su piel y me di cuenta que eludía su mirada por temor a todavía no sabía que.
Cuando quedamos solos, luego de dos o tres minutos de silencio, comprendí que era yo el que debía comenzar el juego. Y hablé, tratando de parecer firme y seguro.
Le pregunté como se sentía y respondió con una sonrisa cómplice, como lo hubiera hecho la verdadera Verónica. Luego se levantó y me dijo: -¿Comemos envasado o preparo algo?.
No pude contestar. La nueva Verónica me dejaba sin palabras como la legítima. Era una situación  difícil de manejar. Estaba perdido y lo único claro que  aparecía en mi mente era pensar en todo lo que odiaba en ese momento, a ella y a su clon, a su actitud soberbia de siempre para trasladar sus soluciones a mis problemas . Quiero decir que su ausencia para mí no era lo mismo que mi ausencia para ella.
–Abramos una lata de legumbres- le pedí.
Debo confesar que el clon, a quien bauticé Penélope pese a su insistencia en recordarme que la llamara Verónica, era sumamente servicial y atento. Nunca me encontré una mañana sin el desayuno preparado, sin mi ropa alistada o el baño a la temperatura justa. Eran cosas en las que Verónica nunca hubiera podido estar atenta; quizá haya actuado su sentimiento de culpa o sus deseos de complacerme, pero se preocupó por dejarme en claro que a Penélope no podría pasarle lo mismo. Nuestra casa nunca estuvo tan brillante y ordenada, ni tan especialmente cuidada. Poco a poco se fue convirtiendo en una dulce y gentil sombra que me acompañaba por la casa y, lo confieso, dejé que esa invasión transformara mi rutina doméstica, por comodidad y también por placer.
Sin embargo, pese a esa aparente tranquilidad, Penélope me asustaba. Sobre todo porque no podía acostumbrarme a su presencia cuando nuestras actividades habían acabado y un silencio incómodo nos rodeaba. Ahí teníamos que hablarnos, que contactarnos, que empezar a intimidar. Y eso me sacaba de quicio, como me sacaba de quicio Verónica. Pero el clon era algo especial, que me inquietaba, me perturbaba. Ambos eludíamos la cuestión sexual, sobre todo Penélope, evidentemente programada para que siempre yo tomara la iniciativa. Pese a todo, esa tensión que había entre ambos, volvía a cada momento a nuestra convivencia más difícil de sobrellevar. Me resistía a tener sexo con ella, lo sentía como tener que recurrir a una prostituta y era además, una forma de ceder a la locura de Verónica. Con persistencia eludí la situación y tuvimos que dormir separados para no tener que sentir el calor de su cuerpo ni su respiración tranquila durante la noche.


Penélope, cada día más encantadora, más irresistible, parecía jugar ahora con mi lucha interna. Y lo hace tan bien, con tan buen gusto y una falsa prescindencia, que estoy a punto de echarla, de devolverla, de escribir a Verónica, de quien no recibía noticias y a quien ni siquiera llamaba.
Poco a poco el clon empezaba a desesperarme. Es físicamente mucho más irresistible que el original a pesar de su exacto parecido. No sabría explicar por que, pero sus pechos son más encantadores, más provocativos, hasta hacerme parecer que tienen algún talle más que el original. Lo mismo podía decir de su andar; es más erguido, más gracioso, más insinuante. Y comencé a querer verla desnuda y al menos probar si el deseo crecería o se terminaría con la experiencia. No hubo necesidad de decírselo; por la noche se apareció apenas cubierta por una sábana en mi dormitorio. Lo confieso: nunca gocé tan plenamente del cuerpo de Verónica como cuando me acosté con el clon. Se comportó de manera estupenda; pareció conocer todas mis debilidades y tuvo la habilidad de hacerme sentir como hacía mucho tiempo. Me pareció que ella gozaba como yo y con una libertad y sabiduría que Verónica no tenía.
A pesar de mis reservas, de mis inseguridades y pudores, no pude resistirme demasiado a volver a repetir la experiencia que cada vez fue más intensa y profunda. Una noche de sábado le propuse incorporar una tercera persona a nuestra cama para probar nuevas experiencias y lo aceptó sin reparos. Sexualmente vivía lo más parecido a la felicidad, cumpliendo todo lo que imaginaba.
Penélope invadió lenta e inteligentemente todos los rincones de mi vida. Y lo acepté, hasta el punto de incorporarla activamente a mi vida social, incluso ocultando su verdadero origen y negando su condición de clon. Ella se comportaba siempre de manera brillante y seductora, original y divertida. Pronto mi rechazo y mis reservas se transformaron en atracción y convivencia. Olvidé la ausencia de Verónica; ni siquiera me cuestionaba que no me escribiera o hablara. Fue entonces cuando un mensaje suyo apareció en mi ordenador; me decía que volvía en unos días. Aparecieron errores en el programa que controlaba la nave y no querían arriesgar la tripulación.
Me desesperé. A pesar de lo mucho que me incomodaba, de todo lo que había despertado en mí, de que me repetía todo el tiempo que todo era una tregua en mi rutina que se rompería en algún momento, no pensaba desprenderme del clon. Cuando se lo comenté, sólo sonrío y me dijo que había pensado en una solución.
No supe contestarle. Sólo quería saber en que había pensado.
-Podemos escaparnos de ella –me dijo. – Viajemos a alguna colonia del sistema con nuestras cosas. No podrá encontrarnos sino después de mucho tiempo. El suficiente para que nos olvide.
Nunca me sentí más confundido. Me dio escalofríos pensar que hablaba en primera persona del plural para pensar en mis decisiones.
Esa noche no dormí. Me sentí sucio y traidor pensando en Verónica. Yo la quería, pero el clon era sin lugar a dudas una versión mejorada y más perversa de todo lo que yo soñaba que ella me podía dar. Después de medio litro de alcohol y horas de insomnio le dije a Penélope que seguiríamos su plan.
Se comportó de manera fría y calculadora. Pareció tener en su mente diagramado cada paso que teníamos que dar y los fue dando con firmeza y decisión. Conseguimos un chárter a Ion, un pequeño satélite donde no nos pedirían documentación para pasar un tiempo. Viví toda la situación con vergüenza e indecisión y me dejé conducir con docilidad.
Cuando estábamos en pleno vuelo, Penélope parecía más tranquila. Mientras sorbía un líquido espeso y naranja me miró a los ojos y sonriendo se preparó como para contarme una historia.
-Amor mío, tengo que darte un mensaje de Verónica especialmente preparado para este momento-. Su voz sonaba dulce pero firme. –En realidad este plan no es mío, es de ella. Hace meses buscaba la manera menos traumática de dejarte. Te quiere mucho y no deseaba lastimarte. Finalmente un colega la convenció de pedir la fabricación del clon y que ese clon tuviera todo lo que ella no puede darte. No la juzgues mal. Solamente no quería verte sufrir.
Miré por la ventana y oculté mis lágrimas. –Penélope es hermoso como nuevo nombre. Quiero que sepas que lo voy a aceptar de ahora en más- dijo tomándome de la cara. Me sentí estúpido, débil, inocente. Sentía que Penélope volvía a molestarme como en nuestro primer encuentro.
Cuando me recompuse pregunté: -¿Aceptará Verónica que le envíe un clon mío?.

Desde entonces sueño en que me llame y me diga que cosas esperó de mí y no fui capaz de darle.