domingo, 24 de febrero de 2013

Genetics: la banda tributo como forma de arte

Con una exacta recreación del sonido del primer Genesis y una puesta que respeta la teatralidad y el dramatismo de su música eterna, Genetics transforma el tributo en una forma de arte en sí mismo.


Las bandas o solistas tributo son casi plaga en Buenos Aires. Con mayor o menor repercusión y mayor o menor calidad artística, una cantidad increíble de músicos aficionados o profesionales se lanzan a recrear el repertorio de artistas consagrados. Allá por los ’80, la mítica banda Rael transitó ese camino casi como pionera, interpretando con éxito la música del Genesis primigenio, aquél que tenía a Peter Gabriel como carismático líder y que se transformó con los años en una vaca sagrada del rock sinfónico con discos eternos como Nursery crime o The lamb lies down on Broadway. Con una formación integrada en su mayoría por ex integrantes de Rael, Genetics vuelve a la carga con un tributo a Genesis que conjuga repercusión del público, críticas favorables y el respeto de músicos profesionales consagrados.
En 2012 Genetics celebró los 40 años del lanzamiento de Foxtrot, cuarto álbum de estudio de Genesis, con una serie de celebradísimas presentaciones, algunas de ellas en el ND Ateneo, tocando completa esa pieza fundamental del rock progresivo. Integrada por Ignacio Rodríguez Genta (voz líder, flauta traversa y percusión incidental), Horacio Pozzo (teclados, piano y guitarra acústica de doce cuerdas), Daniel Rawsi (coros, batería y percusión), Diego Chorno (guitarra eléctrica y coros) y Claudio Lafalce (bajo y guitarra, guitarra acústica de doce cuerdas, pedalera de bajos y coros), Genetics asombra porque lo suyo no es un mero calco mecanizado de esos temas, es además, un interpretación que resume el sonido exacto de las grabaciones y el pulso teatral y el dramatismo que Genesis tenía en vivo.
Ignacio Rodríguez Genta como the flower en Supper´s ready en las presentaciones de Foxtrot 
Horacio Pozzo, que lleva sobre su hombros la hercúlea tarea de tocar la música del tecladista Tony Banks, dice que no aspiran a ser más que una banda tributo. “Hacemos esto porque nos gusta, es un desafío musical hacerlo bien y sabemos que hay gente que quiere ver esta música en vivo”. Sin embargo, Genetics excede largamente el formato tributo; músicos como Gillespi o críticos consagrados como Alfredo Rosso, han manifestado asombro y admiración por la calidad artística de sus shows. Pozzo aclara que “el criterio es ser fiel a las grabaciones en estudio originales, pero aunque no lo busquemos, es inevitable poner algo de cada uno cuando tocamos”. Reproducir las armonías, arreglos y melodías creadas hace cuatro décadas por tipos que merodeaban los 25 años les produce “una especie de excitación y admiración” que inevitablemente tiñe cada show.
Genesis tuvo una extensa trayectoria marcada a fuego por dos frontman de una presencia fenomenal en el escenario: Peter Gabriel y Phil Collins. La selección de temas de Genetics está centrada en el primer período de la banda con algunas piezas del primer período post Gabriel. “Peter Gabriel le dio a Genesis una clima muy especial, algo bizarro, una profundidad que se diluyó después”, explica Pozzo. Sin embargo, no se privan de incursionar en el primer tramo de la fase Collins con temas como Inside and out, donde suele tocar como invitado el extraordinario bajista Javier Malossetti, o partes instrumentales del disco Wind & wuthering, último registro en estudio en donde la banda británica tuvo como guitarrista a Steve Hackett. “Los elegimos porque nos gustan, no tenemos prejuicios”, aclara Horacio Pozzo. Uno cree que Genetics tiene mucho todavía para incursionar por esos lados, hay ganas de más.



A través de las redes sociales Genetics dio señales a sus seguidores de que en este 2013, al igual que lo hiciera con Foxtrot, homenajeará los 40 años de la edición del célebre Selling England by the pound, considerado como una de las cúspides del rock progresivo de todos los tiempos. Horacio Pozzo se entusiasma: “Los ensayos van muy bien, ya casi terminamos The battle of the Epping Forest, estamos recordando Dancing with the moonlight knight, que ya tocábamos con Rael, Cinema Show necesita más trabajo en los detalles y Firth oh fifth sale muy bien”. Los set list de Genetics son sabiamente armados, además de tocar en su totalidad el disco homenajeado, incluye gemas de todos los discos: I know what I like (otro tema de Selling...), Carpet crawlers, Stagnation, The fountain of Salmacis y la infaltable The Musical Box, entre otras. Un momento de extraordinario éxtasis en los fans se produce cuando Genetics aborda en forma completa la miniópera Supper’s ready, un manjar exquisito que uno no se cansa de repetir. La banda ya anunció a través de Facebook que comenzará sus presentaciones el sábado 13 de abril enel Teatro Marín de San Isidro.


¿Por qué Genesis? Pozzo lo explica muy bien: “Es un denominador común en la adolescencia de los integrantes de la banda. Desde el ’73 hasta principios de los ’80, con o sin Peter Gabriel, estuvimos conectados con esos vinilos, mirando cada rincón de las tapas, leyendo cada letra, cada crédito… Quizás esta música nos está llevando de regreso a la adolescencia a nosotros y a nuestro público también”. Cuando Genetics pise nuevamente los escenarios la magia otra vez estará en el aire, reviviendo una música eterna con las armas más nobles que pueda aportar un artista: respeto, sensibilidad, pasión y talento. Algo que no se encuentra fácilmente por ahí. Salud Genetics, salud Genesis.

viernes, 15 de febrero de 2013

Vinilo IX - Peter Gabriel II



A comienzos de 1975 Peter Gabriel anuncia a sus compañeros de banda que, finalizada la gira de The lamb lies down on Broadway, dejaría Genesis para dedicarse a otras inquietudes artísticas sin cabida en el grupo. Se tomó su tiempo para volver a los estudios con un disco solista, conducta que repetiría más adelante extendiendo los paréntesis entre álbum y álbum. Pero vista en perspectiva su celebradísima obra, cada disco, cada tema, cada riesgo tomado, cada salto de calidad, ha dejado su huella en la música contemporánea occidental y le abrió camino a, lo que conocido como world music, significó el descubrimiento de músicas e instrumentos de otras culturas que hoy forman parte del canon sonoro del rock y del pop. Ahí está esa obra suprema que es So (1986) y el éxito comercial descomunal de Sledgehammer para atestiguarlo.


Para 1978 las cosas no estaban tan claras. Editado su primer disco (se lo conoce como Car por la foto de la tapa, aunque no llevaba nombre) y no lograda una gran repercusión, Peter Grabriel se asocia al notable guitarrista experimental de King Crimson, Robet Fripp, y se encierra a grabar su segundo opus, a quien tampoco le puso nombre (aunque se lo conoce como Scratch). La producción quedó en manos de Fripp, motivo por el cual Gabriel casi no lo consideró un disco propio, y durante muchos años excluyó cualquiera de sus temas de sus set list o de compilados de su discografía. Sin embargo, este disco, el más oculto de su obra, tiene encantos que merecen ser rescatados con una escucha atenta y sensible. Algo de su finísimo olfato artístico lo debe haber intuido, ya que en su última gira incluyó dos temas de este Peter Gabriel II.


El disco comienza con un derecha-izquierda contundente: On the air y D.I.Y ; hay pulso roquero en estos temas de la mano de la guitarra de Fripp y son, sin dudas, los que tienen mayor volumen sonoro como para girar en las radios. Sin embargo el disco está lejos de ser un éxito comercial, logrando una tibia repercusión sólo en Inglaterra. Hay una bella melodía al piano, compuesta junto a su primera esposa, llamada Mother of violence, y otra gran balada para el cierre del disco, la notable Home sweet home. En Exposure, Fripp juega multiplicando las capas de sonido de su guitarra logrando un sonido muy peculiar. Peter muestra talento, ingenio y experimentación sonora con gran calidad, en gemas como White shadow (una verdadera joya), en donde el clima y el sonido suenan a futuro, a vanguardia, a adelanto del salto artístico que vendrían con sus próximos discos.
Este Scratch es el eslabón perdido entre el tipo de composiciones que Gabriel usaba en Genesis, sobre todo en la última etapa, y toda su obra futura, transformándose en vanguardia en Peter Gabriel III y  Peter Gabriel IV , logrando trascendencia mundial con So y convirtiendo cada tema en una diamante como en Us. La obra de un genio.

viernes, 1 de febrero de 2013

Doce sudorosos días en la Irak ocupada por Bush

Una lectura del Diario de Irak de Mario Vargas Llosa

El inolvidable Gordo Osvaldo Soriano escribió alguna vez que de las crónicas periodísticas sólo perdura el estilo y que por eso hoy se siguen leyendo con deleite textos de Roberto Arlt o Rodolfo Walsh. Con ironía o sarcasmo, muchos críticos de los personajes que habitan los medios dicen que todo periodista gráfico sueña con ser escritor, o que por lo menos, lo que publique un domingo no sirva sólo para envolver media docena de huevos el lunes. Mario Vargas Llosa recorre el camino inverso. Extraordinario escritor, nacido en Perú en 1936, integrante de la mítica generación del boom latinoamericano, autor de obras capitales de la literatura en español (Conversación en la Catedral, La ciudad y los perros, La señorita de Tacna, entra otras), ganador del Premio Cervantes y el Nobel de Literatura entre otras distinciones, suele bajar a ensuciarse en el barro de la discusión política coyuntural en furibundos artículos que la prensa liberal del continente le publica con generosidad. En plena ocupación norteamericana de Irak, Vargas Llosa emprendió junto a su hija Morgana, fotógrafa profesional, un reportaje de aquellos días tumultuosos que es un ejemplo de periodismo y literatura unidos con maestría.

Escrito en pleno viaje, entre el 25 de junio y el 6 de julio de 2003, y corregido días después en España, Vargas Llosa, como García Márquez, sabe cómo comenzar un texto para que quedemos atrapados desde la primera línea. “Irak es el país más libre del mundo, pero como la libertad sin orden y sin ley es caos, es también el más peligroso”. Así inicia la primera de las notas, titulada La libertad salvaje, donde describe con asombro el pandemonio de un Bagdad derruido, en dónde el calor sofocante, la falta de agua potable, los constantes cortes de electricidad y un tránsito endemoniado totalmente carente de reglas, hacen la vida poco menos que intolerable. Sin embargo, a través de las siguientes notas, en lo que se constituye como el punto más fuerte del trabajo, en una serie de entrevistas a iraquíes increíblemente esperanzados, Vargas Llosa parece aprender a convivir con el calor omnipresente y una anarquía casi salvaje, apoyado en los testimonios emocionantes de personas que, sobrevivientes de una sangrienta dictadura y resentidos de la brutalidad de la ocupación norteamericana, sueñan con salir adelante.

Aquí el autor desplegará, como ha sido habitual en sus apariciones y escritos públicos de los últimos años, una posición ideológica firme y sostenida. Reticente antes de este viaje a apoyar la ocupación aliada de Irak sin la venia de las Naciones Unidas, ya en Bagdad su opinión cambiará radicalmente. Sabiendo que como precedente legal, que uno o varios países se arroguen el derecho de intervenir militarmente en otro en forma unilateral -sobre todo esgrimiendo argumentos falsos como la existencia de armas de destrucción masiva nunca encontradas-, es algo peligroso que puede justificar cualquier aventura de tipo colonial, el autor de Pantaleón y las visitadoras se permite apoyar la intervención norteamericana sin medias tintas. Lo llama “el mal menor”, y cree que la destrucción de la dictadura de Sadam Hussein era una razón suficiente para justificar la invasión. El sangriento gobierno de Hussein ha sido ampliamente documentado como una dictadura corrupta y cruel y Vargas Llosa se apoyará en la abrumadora evidencia de la brutal represión interna de Hussein contra su pueblo para justificar y bendecir la invasión. A conciencia, prefiere dejar de lado el olor impregnado a petróleo de la misión de Bush. De paso aprovecha para espejar y comparar aristas del régimen depuesto con los gobiernos de Fidel Castro o Hugo Chávez, continuando con la prédica incesante que emprendió en los últimos años contra los gobiernos latinoamericanos a quienes comunicadores propagandísticos de los intereses de los grandes grupos económicos llaman despectivamente “populistas”.

Honesto en la descripción de los sentimientos del pueblo iraquí, Vargas Llosa reflejará el sentimiento antinorteamericano del todo el mundo árabe describiendo cómo se mueven las tropas de la ocupación, cuál es su relación con el pueblo invadido y cómo los ocupados, que un primer momento apoyaron al ejército aliado, deseaban ahora que cada soldado extranjero vuelva a su casa de una buena vez. Hay cientos de historias de abusos y maltratos, sobre todo a mujeres, que circulan por Bagdad de boca en boca y, además, todos acusan a los norteamericanos de extrema pasividad ante los saqueos y disturbios callejeros que siguieron a la caída del régimen y que destruyeron literalmente a Bagdad. Sin embargo, en una accidentado reportaje al responsable político de la ocupación, el embajador Paul Bremer, a quien llama brutalmente sincero como “el virrey”, Vargas Llosa se muestra casi condescendiente con las justificaciones políticas del emisario de Bush a quién describe cándidamente como un hombre que “habla con la convicción de un misionero y creo que cree lo que me dice”.

La crónica maestra de Vargas Llosa tiene un plus esencial. Está acompañada de una serie de fotografías de su hija, Morgana Vargas Llosa, que bien podrían haberse publicado en forma independiente de las notas de su padre y aun así formarían un corpus de auténtica calidad periodística. Cada foto tiene como texto explicativo un relato en primera persona que en sí mismo es una pequeña gran historia que le da carácter humano y personal a un conflicto internacional gigante.  Para la recopilación de las notas, que fueron editadas en libro, Vargas Llosa agregó cuatro notas de opinión posteriores, que publicadas en diferentes diarios del mundo exponen, con la habitual dureza ideológica y claridad conceptual que siempre expone, cuál es su opinión del conflicto, su apoyo a la invasión, su críticas despiadadas al presidente francés Jacques Chirac por liderar el rechazo europeo a la intervención y la permanente alusión a los “populismos demagógicos” latinoamericanos, a quienes detesta en forma militante.

Diario de Irak es un ejercicio brillante de literatura y periodismo casi atemporal, que permite leer con placer y discutir con apasionamiento con un escritor brillante, un intelectual notable y una personalidad firme. Sus bravuconadas políticas, cada vez más afines al liberalismo económico, a quien defiende muchas veces casi cayendo en la caricatura, no pueden ni deben hacernos perder el encanto, la gracia y el talento de un hombre que hace con naturalidad lo que tantos, con tanto esfuerzo, no pueden alcanzar.