domingo, 18 de mayo de 2014
Se lee por ahí # 2
"Para él, un amor geométrico de la simetría y el orden era "el sistema", un interés infatigable y febril por las más insignificantes facetas de la burocracia cotidiana era "la laboriosidad", la indecisión calculada era "la cautela", y la terquedad ciega en continuar por un camino erróneo era "la determinación"". Trilogía de la Fundación, de Isaac Asimov.
Se lee por ahí # 1
"Se puede conceder a los matemáticos que cuatro es dos veces dos. Pero dos no es dos veces uno; dos es dos mil veces uno. Esa es la razón por la cual, a pesar de sus muchísimas desventajas, el mundo siempre volverá a la monogamia." El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton.
domingo, 16 de marzo de 2014
Vinilo XIV – Pyramid
Prodigio de la música desde niño, Alan Parsons llegó desde muy joven a ser ingeniero de grabación de
la compañía EMI. Fruto de ese trabajo el destino lo llevó al legendario estudio
Abbey Road, donde fue asistente de
grabación de los dos últimos discos de The
Beatles. En la famosísima filmación de la última presentación en vivo de
los fabulosos cuatro sobre la terraza de Abbey Road, se puede ver a Alan
Parsons en varias tomas manejando la consola de sonido. Su buena estrella no lo
abandonaría: fue ingeniero de sonido de Animals
y The dark side of the moon, dos de
las obras maestras de Pink Floyd. Definitivamente
instalado como referente de la industria e imbuido de un prestigio creciente
por su participación en grabaciones decisivas de la progresiva inglesa, Alan
Parsons decidió ser él mismo creador de música, y asociado con otro productor
de EMI, Eric Woolfson, creo un
colectivo de producción musical: The Alan
Parsons Project. En su nuevo proyecto, asociado con distintos músicos y
cantantes, editó una serie de discos exitosos, con gran prestigio de la prensa
y la industria discográfica.
Pyramid fue el
tercer disco de la producción de The Alan
Parsons Project y, editado en 1978, fue uno de los más exitosos. El álbum,
más en las letras que en la música, es una reflexión sobre la finitud de los
proyectos humanos, frágiles criaturas ante la inmensidad del universo y la
presencia ineludible de la muerte. El disco tiene fuertes bases que le dan
coherencia a pesar del modus operandi de la producción de Alan Parsons:
distintos vocalistas y músicos rotativos se apoyaban en las letras de Woolfson
y la música y producción de Parsons. El uso del sintetizador Moog, que tanto
prestigio daba a los discos conceptuales del momento, y que Alan Parsons manejaba
a la perfección, le dio a Pyramid esa áurea de disco serio y sónico que era la
marca registrada del grupo. Los célebres instrumentales –en este disco sería Voyager- forman parte del sonido de esa
época y en Argentina, por ejemplo, formaron parte como cortinas musicales de
innumerables programas televisivos o de radio.
La pretenciosidad de The
Alan Parsons Proyect y la evolución –o involución- de la música y las
formas de grabación de los discos, hizo que lentamente el suceso del grupo se
perdiera en el tiempo. Pero aún hoy, cuando escuchamos sus bellas melodías o
sus secuencias de sintetizador tan características, como sellos de su marca de
fábrica, podemos reconocer toda una época y todo un estilo. El estilo de un
artista de los controles de las mesas de grabación que transformó ese oficio en
un arte propio, el sueño de un ingeniero de sonido que sin perder el control de
la consola pasó a ser él mismo un rock
star.
martes, 18 de febrero de 2014
Argumento
Adolfo
Bioy Casares y Jorge Luis Borges construyeron una
amistad persistente a través de los años. En este pequeño relato que escribí
hace algún tiempo, las mujeres, el amor, la amistad y la literatura se unen en
homenaje al autor de El
sueño de los héroes.
Son las tres de la
mañana en una fría Buenos Aires, y tras los pliegues de las sábanas de una cama
cómoda, el escritor se despierta recordando los pormenores de una charla con su
amigo más entrañable ocurrida hace casi diez años. Procura no hacer ruido, para
mantener el sueño de una bella mujer de hermosas piernas, que por horas lo
había alejado de todas sus ocupaciones y ahora lo obligaba a una respiración
silenciosa y clandestina. La imagen de la conversación se le presentaba como la
proyección en una oscura sala de cine; con su amigo también escritor caminaban
tomados del brazo como si fueran viejos amantes, por un jardín de senderos
tortuosos como un laberinto. El compañero de paseo, mayor que él, en muchas
cuestiones era casi un hermano menor, necesitado de consejos y contención para
los problemas mundanos, a los que no podía resolver con la precisión con la que
manejaba su prosa.
La película reflejada en su mente mostraba
los árboles de la plaza, los bancos, las hojas secas abandonadas al viento, el
frío luchando por penetrar las bufandas y los sobretodos. Rehuían en un acuerdo
tácito hablar de sus propias literaturas, sus trabajos actuales, sus obsesiones
del momento. A pesar de ello, cuando la gravedad o el interés lo permitían,
alguno rompía la regla. Esa tarde en el parque recordaba haberle contado un
cuento inconcluso que se resistía a abandonarlo. En forma clara y precisa, casi
como leyendo los ingredientes de una receta magistral, fue contando a su amigo
los elementos que integraban el relato. La sentencia, no esperada, fue lapidaria:
Excelente argumento, pero jamás podrás
encontrarle un buen final. La respuesta filosa, toda una decepción, lo
empujó a abandonar el tema y el cuento, al que creía verle alguna pretensión.
De vuelta en la cama, junto a la bella
mujer de hermosas piernas, se dio cuenta que el sueño revelador después de la
noche de amor clandestina, le había abierto las puertas de la solución a esa frustración
literaria persistente. Se levantó en puntas de pie, prendió la lámpara junto al
escritorio que siempre le reservaba un cuaderno y una lapicera fuente, y uno a
uno, como en una sucesión de carambolas, fue resolviendo todos los problemas
del relato inconcluso. Sintió la poco común satisfacción entre sus colegas compatriotas
de ser feliz siendo escritor, una felicidad que no se reducía a ese humor
siempre latente en sus relatos, sino en una alegría lisa y llana por conocer la
magia de saber contar.
Cuando concluyó la anotación de las ideas
salvadoras de su cuento, sintió el impulso de compartirlo con Silvina, pero no
estaba allí para escucharlo leer. Necesitaba tanto su compañía como eliminar
rápidamente la pequeña culpa que lo envolvió por un instante, esa culpa que
siempre sucumbía ante el gusto por el amor clandestino, con la ventaja que
siempre supone que le perdonen siempre todo. ¿Qué había logrado el pequeño
milagro de encontrar la forma y el final de un cuento memorable? ¿Acaso eran
las vitaminas recetadas que lo habían acelerado un poco? ¿A lo mejor era ese
amor suave y momentáneo que lo había distraído en las últimas horas? Sabía que
reescribiría algunas líneas, que continuaría con la enfermiza tarea de la
corrección perpetua hasta el momento incierto de la publicación, pero había
logrado atar todos los cabos de la trama, tenía a los personajes justos, el
escenario ideal y no pudo resistirse a la tentación de garabatear un título. A
pesar de hacer de la humildad un culto personal, El perjurio de la nieve le pareció pretencioso y brillante y se
propuso no cambiarlo por ninguna circunstancia.
La bella mujer de hermosas piernas, ahora
despierta y otra vez luminosa para sus sentidos, lo llamaba y lo invitaba a
devolverse a los pliegues de las sábanas de una cama cómoda. Sopló sobre la
tinta todavía húmeda del título y cerró el cuaderno. Otra vez volvía a
olvidarse de Silvina y de sus cuentos.
miércoles, 12 de febrero de 2014
Vinilo XIII - Seconds Out - Genesis (1977)
I
Los discos en vivo tuvieron y tienen un encanto y un atractivo particulares. Antes de la era digital y los downlands ilegales o gratuitos, la industria discográfica retroalimentaba ganancias con estos registros que permitían combatir las ediciones piratas de conciertos y se transformaban en especies de greatest hits. Para cualquier artista, alcanzar a grabar un disco en vivo significaba lograr un status de reconocimiento del mercado y del público. La mayoría de estas grabaciones eran mezcladas y mejoradas en el estudio, recibiendo una mano de barniz que les daba brillo y protección, pero que a veces ocultaban la cruda y verdadera naturaleza de lo que se quería mostrar. A pesar de ello, muchos de estos discos son hitos que ocupan lugares centrales en la discografía de un artista. El rock sinfónico en general y Genesis en particular tienen grandes discos en vivo, pero Seconds Out es y será un clásico eterno de la música popular del siglo XX y una de las más grandes grabaciones en vivo de todos los tiempos.
Los discos en vivo tuvieron y tienen un encanto y un atractivo particulares. Antes de la era digital y los downlands ilegales o gratuitos, la industria discográfica retroalimentaba ganancias con estos registros que permitían combatir las ediciones piratas de conciertos y se transformaban en especies de greatest hits. Para cualquier artista, alcanzar a grabar un disco en vivo significaba lograr un status de reconocimiento del mercado y del público. La mayoría de estas grabaciones eran mezcladas y mejoradas en el estudio, recibiendo una mano de barniz que les daba brillo y protección, pero que a veces ocultaban la cruda y verdadera naturaleza de lo que se quería mostrar. A pesar de ello, muchos de estos discos son hitos que ocupan lugares centrales en la discografía de un artista. El rock sinfónico en general y Genesis en particular tienen grandes discos en vivo, pero Seconds Out es y será un clásico eterno de la música popular del siglo XX y una de las más grandes grabaciones en vivo de todos los tiempos.

II
La partida de Peter Gabriel de la banda había
significado un duro golpe y un enorme desafío para los sobrevivientes de Genesis. La ecuación se saldó con la
edición de dos discos de estudio memorables, A trick of the tail y Wind
& Wuthering, y la incorporación para los shows de un baterista que
permitiera a Phil Collins ocuparse de la voz principal. En primera instancia
ese rol fue cubierto por el legendario Bill
Bruford, integrante de Yes y King
Crimson, cuya paso resultó efímero, para luego dar lugar a Chester Thompson, que se quedaría por
años con el puesto. Aceitados como banda como nunca lo habían estado, seguros
tras el éxito de los dos primeros discos post Gabriel, con Collins cada vez más
firme como frontman, Genesis decide
editar un doble en vivo al que llamaría Seconds
Out, en referencia a la célebre frase utilizada en boxeo para indicar que
la pelea va a comenzar y el boxeador quedará solo en el ring sin ningún soporte
extra.

III
El disco doble fue grabado casi íntegramente
en París entre el 11 y el 14 junio de 1977. Para entonces las presentaciones
del grupo habían crecido en fama apoyadas en grandiosos performances
individuales y una presentación lumínica inédita que acentuaba el siempre
latente dramatismo de su música. El logro magnífico de este documento sonoro es
que muchas de las grabaciones sonaban superiores a sus originales de estudio.
Basta escuchar Robbery, assault and
battery, por ejemplo o el trascendental instrumental Los Endos, que se transformaría en un clásico perenne de sus
presentaciones en vivo. Las gemas del disco, ejecutadas magistralmente, eran dos clásicos temas de Selling England by
the pound; la banda luce insuperable en Firth oh fith —con Tony Banks y Steve
Hackett en estado de gracia— y Cinema
show, única grabación del disco con Bill Bruford en la batería. Quizás las
mejores grabaciones de rock progresivo jamás escuchadas.

IV
Hay más felicidades en la escucha
de Seconds Out: la potente y
lacrimosa Squonk, la emblemática y
eterna The Carpet Crawl, la canción
emblema The lamb lies down on Bradway, empalmada
con la sección final de una gema del rock teatral que Genesis encarnaba como ninguna otra banda, la
dramática The musical box. Y el
mágico quinteto —Tony Banks, Mike Rutherford, Phil Collins, Steve Hackett y
Chester Thompson— se anima a reservar una de las cuatro caras de los discos
para incluir completa la miniópera Supper´s
ready, de más de 20 minutos de duración, en donde se condensan todas las virtudes interpretativas y de composición de una
grupo clave de la progresiva inglesa y que con los años, se transformaría en
una vaca sagrada del rock sinfónico. Genesis
dejaba grabado en Seconds out uno de
los mojones mágicos y eternos de su extensa trayectoria, hoy ya convertida en
leyenda de la música popular.
martes, 10 de diciembre de 2013
Dante Panzeri: ética y coherencia de una vida en el fútbol
Una lectura de Dirigentes, decencia y wines, Antología de
la obra periodística de Dante Panzeri, edición a cargo de Matías Bauso
Las crónicas periodísticas suelen perderse en la vorágine de
lo volátil, lo efímero, lo intrascendente. Las crónicas periodísticas
deportivas son, quizás, mucho más frágiles todavía, sobre todo en estas épocas
globalizadas en donde el deporte está omnipresente en cada día de nuestras
vidas y los resultados y las competencias se suceden unos tras otros. Como a
todo ejercicio literario las salvan del olvido la trascendencia histórica del
suceso y el estilo del narrador. Si a eso le sumamos una ética a prueba de
balas y una coherencia granítica a lo largo de 40 años de vida profesional, la
obra periodística de ese autor será esencial para comprender los hechos que
narra y las circunstancias que lo rodearon. Este trabajo de investigación de Matías
Bauso que recopila algunas de las notas emblemáticas, olvidadas o perdidas de
Dante Panzeri, es un acto de amor a la profesión periodística y una declaración
de admiración a la figura del autor, un tipo recto, directo, único, prolífico,
polémico y cuestionador. Muchas veces citado, muy pocas veces leído, Panzeri es
una leyenda que la lectura de sus artículos hará más grande aún.
La actividad periodística de Panzeri fue impresionante.
Durante más de cuarenta años publicó entre seis y ocho notas semanales en todas
las publicaciones en que trabajó, además de las columnas de opinión en radio o
televisión —que guionaba meticulosamente— y los comentarios de cientos de partidos
en las principales radios del país. Un corpus gigante que el compilador se
permite calcular en más de 15.000 colaboraciones. ¿Qué elegir entre esa
increíble producción? Bauso pone la lupa con sabiduría en las obsesiones
recurrentes de Panzeri: el juego propiamente dicho, la dirigencia, sus notas en
El Gráfico, su prédica constante
contra los DT, los Mundiales, su visión sobre otros deportes, su odios
militantes, guiones para radio y columnas televisivas, la ética periodística.
En todas ellas Dante Panzeri es cristalino y contundente; también testarudo y
obsesivo, implacable y dogmático. No veía nada épico en el deporte, odiaba las
entrevistas a los protagonistas, era implacable con sus enemigos. Su estilo era
barroco, enredado y muchas veces repetitivo. Solía escribir líneas enteras en
mayúscula para subrayar algún concepto. Pero escribiera donde lo hiciera —desde
El Gráfico hasta Así, desde el diario El Día
hasta la revista Satiricón—, su
huella es tan profunda que pocos dudarían en llamarlo el más grande periodista
deportivo argentino. Esta antología está llena de evidencias que hacen más que
verdadera a esta afirmación.
Sus comentarios de partidos son memorables. No se detiene en
la simple enumeración de jugadas: la nota es una excusa para explayar conceptos
sobre el juego. Su antológica crónica en El
Gráfico de un Racing-Santos jugado en cancha de Huracán en los 60 transmite
en partes iguales concepto y emoción. El periodista está viviendo un match
único, célebre, histórico y cada vez que uno lo lea sentirá esa sensación. “Fútbol de hombres agrupados en permanente y
rápida circulación. Lo muy importante esta vez lo hicieron los dos equipos,
RACING TAMBIÉN”. Su semblanza de Pelé, hecha a propósito de ese partido, es
una pieza literaria de excepción, republicada muchas veces a través de los
años. “Pelé en una cancha de fútbol es
fútbol hecho placer. Placer de genialidades, que todas son posibles en Pelé, el
sin metáfora fenómeno Pelé”. Su voz solitaria en contra de la actuación
dentro y fuera de la cancha de la Selección argentina en el Mundial de
Inglaterra y, en especial, el día de la expulsión de Rattín, es otra muestra de
periodismo puro: estilo, concepto, opinión. Aún en contra del medio del que es
director, de todos sus colegas, de su propios lectores. “El drama de los argentinos que estuvieron aquí sin estar abocados a
ningún negocio de seducción patriotera”. El fútbol timorato y “moderno” que
Juan Carlos Lorenzo intenta impulsar en la Selección que participara del
Mundial de Chile es despedazado sin piedad, antes, durante y después de la
competencia. Cada uno de las críticas a esa manera de vivir el fútbol es
independiente del resultado y de las modas. “Puede
ser beneficioso que hayamos recibido esta nueva bofetada sobre nuestro falso
orgullo futbolístico”. A propósito de una final entre Milan y Estudiantes,
califica a Zubeldía y sus alumnos en forma lapidaria: “EL FÚTBOL que juega Estudiantes es la representación de la violencia
para el lucro aplicada al fútbol”. Lo increíble es que escribiera esas
líneas en El Día de La Plata, cuya
sección deportiva era y es casi un órgano partidario de los clubes platenses.
Lo que demuestra lo poco que le importaron los intereses del medio y los
prejuicios de sus lectores a la hora de firmar una nota.
Panzeri fue además un teórico del fútbol como juego y un
tenaz adversario de la preponderancia de los DT, los “ladrones de azul”, como los llamaba. Los atacaba permanentemente,
los trataba de mentirosos, charlatanes y tecnócratas. Consideraba al fútbol un
arte de lo imprevisto –“Dinámica de lo impensado” se titula su libro más
famoso, frase que de repetida se transformó en un lugar común- y todo lo que
viniera de afuera de las canchas era sólo corrupción del juego. “Todo estilo de juego surge de muchos
individualmente distintos jugadores. El juego es el jugador. El estilo es el
jugador. Siempre decide el jugador”. La política
del jugador mutada a política de los
entrenadores sólo traería mediocridad. El tiempo demostró algunos de su
pronósticos, el fútbol argentino fue envolviéndose en una política de
resultados en donde las estrellas son los DT, para bien o para mal: quien
triunfa es el mejor, el ejemplo, sin importar modos ni legalidades. Odiaba
visceralmente a Zubeldía y a Lorenzo como precursores de ese protagonismo y les
descargó, más allá de los resultados, todo su veneno, desde cualquier tribuna y
a propósito de cualquier circunstancia. Vio antes que nadie la dicotomía de
estilos que explotara en los 80 entre Menotti y Bilardo, pero no fue
complaciente con ninguno. A Menotti le criticó sin piedad sus contradicciones
cuando quedó al frente de la Selección. “Es
esclavo de esos que hablan lindo”.
Hay un mojón insoslayable en la extensa trayectoria de Dante
Panzeri: su período de tres años al frente de la dirección de El Gráfico. La mítica revista de
Editorial Atlántida fue durante décadas –casi durante un siglo- la revista
deportiva más importante de Latinoamérica y por sus páginas pasaron grandes
periodistas y los sucesos más importantes del deporte argentino y mundial. Ingresado
desde muy joven a sus filas, llegó a la dirección como parte de un proceso de
renovación inevitable. Bajo su dirección la revista vivió una verdadera
revolución: a pesar de las limitaciones tecnológicas la fotografía ganó en
importancia y las notas empezaron a aparecer firmadas con nombre y apellido
dejando de lado los seudónimos. Había que opinar y dar la cara. Y él fue el
primero en tomar la lanza: concepto y opinión. Cada número contenía material
que movilizaba, tanto para estar de acuerdo como para odiar con toda el alma al
autor. Inauguró una sección de correo de lectores que contestaba personalmente.
Si jamás había escrito una línea para congraciarse con nadie, sea protagonista
o lector, ahí lo dejaría más que claro. “Le
podremos contestar, como usted lo desea, el día que usted LEA El Gráfico, no
mientras solamente MIRE El Gráfico”, recibe como respuesta un lector. “Nosotros no pretendemos imponer criterios
sino que, basados en una profunda convicción de lo que es el ideal
futbolístico, luchamos por su concreción”, le contesta a otro. La editorial
empieza a mirar con preocupación la caída en las ventas de la revista y al
querer imponerle la publicación de una nota que era en realidad propaganda
política, lo obligan a la renuncia. El
Gráfico aprovecharía la decisión para cambiar su histórica política de
tapas: en vez de distinguir a un deportista destacado se pasa a privilegiar la
actualidad. Panzeri profetizó que eso sería el comienzo de una muerte lenta de la
legendaria revista. No se equivocaba.
Los últimos años de su vida, alejado de las grandes luces, se
dedicó a argumentar desde donde lo dejaron su firme oposición a la realización
en Argentina del Mundial de fútbol. “El
Mundial 78 no se debiera realizar en la Argentina por las mismas razones que un
tipo que no tiene guita para ponerle nafta a un Ford T no debe comprarse un
Torino. Si lo hace, es porque alguien
está robando”. En plena noche de una las dictaduras más sangrientas fue
la única voz disonante dentro de un coro monocorde de medios y periodistas que
acompañaron por miedo o complicidad lo que se transformó en una suerte de causa
nacional para combatir la mala prensa del gobierno en el exterior. Matías Bauso rescata del archivo personal de Panzeri líneas como esta: “El Mundial se hace por necesidad POLÍTICA. Y parte de dos
consignas-objetivos: extirpar la guerrilla y el sindicalismo”. El Almirante
Lacoste, hombre fuerte de la organización del Mundial, lo cita para pedirle
explicaciones: la leyenda dice que Panzeri se presentó con voluminosa
documentación para avalar sus argumentos. No pudieron cambiarle la opinión. Un
acto de valentía inusual. La muerte no le permitió ver la “fiesta de todos”, un cáncer lo mató en abril del 78.
“Al fútbol de hoy le
faltan tres cosas: dirigentes, decencia y wines”, escribió alguna vez Dante Panzeri. Un
tipo que investigó, criticó y propuso poniendo a sus convicciones delante de todo,
aún de los propios intereses del medio en el que trabajaba y de lo que
supuestamente pensaban sus lectores. En síntesis: un periodista que avisa desde
que posición nos habla con enorme honestidad intelectual y un estilo
contundente. “La palabra no ha sido
inventada para NO decir lo que pensamos. Para callar y ocultar se inventó,
antes, el silencio.” Genial, polémico, eterno. El mito Dante Panzeri, su
ética y su coherencia, están presentes nuevamente para cuestionar y discutir. Cada
una de estas líneas rescatadas por Matías Bauso nos vuelve a mostrar la pasión
y las obsesiones de un periodista íntegro. El gran periodista deportivo
argentino, el único e irrepetible Dante Panzeri.
jueves, 5 de diciembre de 2013
Genesis: una selección personal
¿Por qué Genesis? ¿Qué cosas
provocan un fanatismo que perdura a través de los años? ¿Qué hace que tratemos
de que su llama siga viva e intentemos trasladar nuestra pasión a todos los que
conocemos? ¿Por qué encontramos nuevas felicidades en cada escucha de
cualquiera de sus discos clásicos y eternos?
No pude resistirme a la tentación de listar las mejores canciones de Genesis de toda su extensa discografía. Quizás
sea algo propio de la cultura consumista, proclive a transformar en números y
estadísticas, en ganadores y perdedores, todo lo que encuentre a su alcance,
pero los rankings siempre tienen un encanto especial. Las más grandes películas
de la historia, los cinco libros que te llevarías a una isla desierta, las diez
mejores series de todos los tiempos. Esta lista que presento es la foto actual,
quizás en unos días, o mañana mismo, cambie o agregue alguna otra canción. Es
que para un fan todo registro de la banda esconde alguna felicidad, a veces pequeña,
otras inmensa. Aquí va mi pequeña gran
selección:
1 – The knife ( Tresspas –
1970 )
Nuestros héroes graban el primer disco enteramente Genesis con varios lugares comunes de la progresiva inglesa del
momento, pero al final rompen los esquemas con una canción potente y agresiva
que se convirtió es su primer gran hit en vivo. Escuchar también: Stagnation.
2 – “The fountain of Salmasis” ( Nursery crime –
1971 )
Una miniópera esencial del rock sinfónico, con la historia de
Hermafrodita hermosamente contada, Peter Gabriel interpretando varios
personajes y el quinteto luciéndose mostrando imaginación y extrema precisión.
Gran solo final de Steve Hackett. Escuchar también: The musical box.
3 – “Watcher of the skies” ( Foxtrot – 1972 )
El mellotron de Tony Banks introduciendo el tema es una marca esencial
de esta época del grupo. El rock teatral en su máxima expresión otra vez
contando una historia fantástica. Phil Collins empieza a demostrar que es una
baterista excepcional. Escuchar también: Can
utiliy and the coastilerns.
4 – “The cinema show” ( Selling England by the
pound – 1973 )
Una bella letra y una parte instrumental de lo mejor que dio la música
popular de todo el siglo XX, traspasando las fronteras del rock. Todo el disco
en una gran obra de arte. Inigualable, clásico, genial. Este solo disco
justifica cualquier fanatismo. Escuchar también: Firth of fith.
5 – “The lamia” ( The
lamb lies down on Broadway – 1975 )
Antes que The Wall de Pink Floyd, Genesis compone una ópera rock genial que cuenta la historia de Rael, un portorriqueño perdido en las
calles de Nueva York en busca de su hermano y su propia identidad. Hay tantas
ideas musicales en este disco doble, que merece un ensayo aparte. El tema
elegido reúne letra, melodía e interpretación en un combo de lujo. Escuchar
también: It.
6 – “ Dance on a volcano” ( A trick of the tail –
1976)
¿Y ahora qué pasa? El frontman
inigualable deja la banda y cuando para todo el mundo el grupo debería
desaparecer, el baterista se asoma y asume la tarea de cantar. En este tema,
que abre el primer disco post Gabriel, el grupo luce genial, refinado, potente,
con una gran parte instrumental final. Escuchar también: Ripples.
7 – “Afterglow” ( Wind
and whetering – 1977 )
Banks compone una bella canción con una melodía extraordinaria que el
grupo decide poner al final del disco. Es una canción terminal, emocionante,
clásica. ¿Se puede transformar el atardecer en canción? Sí, Genesis lo hace. Todo el disco es una
cumbre del rock progresivo. Escuchar también: One for the vine.
8 – “The lady lies” ( …And then there were three
– 1978 )
Ya sin Hackett, golpe duro, el ahora trío emprende un disco en donde
intenta refugiarse en lo seguro. En el tema elegido eso se nota claramente. Y
les sale genial. Quizás fruto de la situación algunas composiciones se
simplifican. Escuchar también: Follow you, follow me.
9 – “Behind the lines” ( Duke – 1980 )
Gran despedida gran a los 80 en uno de sus mejores discos. Collins se
transforma en una gran cantante y la melodía elegida, tan bella, tan bien
interpretada, con voz de crooner,
merece la elección. La
banda de culto empieza a dejarle lugar a la banda de estadios. Escuchar
también: Duke’s travel.
10 – “Abacab” ( Abacab –
1981 )
Nuevo productor, nuevo sonido, nueva estética. Genesis se pone abstracto hasta en el arte de tapa. Abacab es un gran tema con una
prolongada jam final. A lo largo de
las giras fueron sacándole lustre y velocidad a la ejecución de este tema, transformándolo
en clásico. Escuchar también: Another
record.
11 – “It´s gonna get better” – ( Genesis – 1983 )
Gran sonido gran, gira impresionante, éxito masivo y otra canción
terminal que cierra el disco y emociona. Escuchar también: Mama.
12 – “The brazilian” – (
Invisible touch – 1986)
En la cúspide de su popularidad, Genesis
se vuelve más pop que nunca, pero todavía le da espacio a la experimentación jugando
con las baterías electrónicas otra vez apoyados en los brazos hercúleos de las
melodías de Banks. Escuchar también: Tonight,
tonight, tonight.
13 – “Fading ligths” – ( We can´t dance – 1992)
Cultos, refinados, maduros, dejan este gran tema para cerrar el disco.
En la gira lo tocan los tres solitos con su alma en el escenario. Emocionan con
un gran tema de despedidas. Escuchar también: No son of mine.
jueves, 7 de noviembre de 2013
Discos de vinilo: el pasado llegó hace rato
Los datos de la venta de discos de vinilos no dejan de
sorprender hasta la misma industria discográfica. Entre el año 2007 y 2012, la
producción y venta de discos de vinilo creció en forma ininterrumpida, alcanzando
sólo en Estados Unidos 4,6 millones de unidades vendidas. Aunque todavía sigue
siendo un porcentaje menor dentro del total de la venta física de álbumes
(alrededor del 2,3%), su crecimiento es sostenido y se prevé que su
participación seguirá en firme ascenso. ¿Cuáles son las razones por las cuales
un formato de reproducción casi extinguido resurja con fuerza transformándose
nuevamente en parte del negocio discográfico? ¿Por qué cada vez más artistas de
prestigio deciden editar sus nuevas grabaciones también en este formato? ¿Qué
es lo que hace que un público creciente decida, fuera del círculo de los
coleccionistas, volcarse nuevamente a comprar estas ediciones? Las múltiples
respuestas a estos interrogantes pueden agruparse en dos grandes argumentos:
las cuestiones que tiene que ver con la calidad sonora y aquellas centradas en
el soporte mismo como hecho artístico. Trataré de recorrer ambos caminos en
estas líneas.
I
Entre el año 1985 y comienzos de la década del 90 el disco de
vinilo comenzó a ser desplazado por el CD, apoyado por su menor tamaño,
practicidad y al hecho de que al ser grabado digitalmente, con un mínimo
cuidado la grabación no pierde nada de su calidad. Pero la cuestión técnica
derivó en un planteo estético. ¿Qué soporte tiene la mejor calidad de sonido,
el vinilo o el CD? Hubo y hay argumentos para ambos bandos, pero la tendencia
mundial es la de aceptar que el disco de vinilo tiene una calidad superior. El
CD es básicamente una grabación en donde la música está codificada como una
secuencia de 1 y O, limpiando la reproducción de cualquier impureza.
Resumiendo: cuando hablamos de una grabación de CD, no hablamos de música, sino
de sonido dispuesto en forma de códigos binarios. Además, en el proceso de
masterización de las grabaciones se sacrifica calidad en pos de mejorar los
volúmenes, tendencia marquetinera presente hoy en día en cualquier grabación
comercial. La combinación de todos estos detalles técnicos hace que el sonido
digital sea percibido como frío, metálico, agresivo, áspero, sin alma. En su
virtud está su mayor defecto. El músico norteamericano Neil Young, acérrimo
defensor del vinilo, agrega otro dato importante. Dice que cuando escuchamos un
CD tendemos a creer que este suena mejor por su brillantez y claridad, pero esa
sensación de haberlo percibido todo de la grabación hace que no sintamos la
necesidad de volver a escucharlo sin sentir cansancio o saturación. Algo que no
sucede con los discos de vinilo.
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| La emblemática tapa del Sargent Pepper de The Beatles |
II
La reproducción de un disco de vinilo tampoco deja de ser un
hecho mecánico: el movimiento que sufre la aguja o púa al seguir el surco se
transforma en una señal eléctrica que da lugar al sonido. De lo que quedan
pocas dudas es que el único soporte que es una copia exacta de un original y es
reproducido sin error es el llamado elepé. Pero, al igual que el CD, en su
virtud está su mayor defecto. El acetato que sirve de soporte acumula polvo y
humedad en sus surcos desde la primera escucha, por lo que con el tiempo se
empiezan a producir una serie de sonidos que pueden ir del encanto a la
verdadera molestia, una serie de chisporroteos que al final terminan afectando
la calidad. Además, la experiencia dependerá mucho de la calidad del equipo
reproductor. Pero es indudable que el sonido emitido por un disco de vinilo
amplificado en un buen equipo es una experiencia sonora única en donde la
música se siente como tal. La mecánica analógica hace que los instrumentos suenen
cálidos y sean apreciados los silencios
de la interpretación como parte de la composición y de la escucha. Músicos
consagrados en todo el mundo son declarados amantes del vinilo y lo destacan
sobre cualquier otro soporte tecnológico. Ni que hablar del bastardeo sonoro
producto de la compresión del formato MP3: aquí la comparación no resiste
análisis, el sonido es claramente mucho más lavado y pobre.
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| Reciente edición de Charly García en vinilo |
III
Tenemos por un lado la certeza de que el disco de vinilo
presenta un sonido más real y cálido, pero a la vez el formato se deteriora aún
con los cuidados más extremos. Nos queda referirnos a la experiencia artística.
Y aquí sí el vinilo es un claro vencedor porque se
estable un comercio con la música que constituye toda una experiencia. La
cuestión comienza con el tamaño, cuando se compra un disco de vinilo se tiene
la sensación de haber adquirido un objeto importante que ocupará espacio y al
que habrá que cuidar de manera especial. La música será a la vez tiempo y
espacio. Luego tenemos la tapa del disco y el sobre interior, que son en sí
mismos objetos culturales con vida propia, desde el arte de tapa hasta las
fotografías o textos que la acompañan. Hay miles de ejemplos en donde las tapas
forman parte indisoluble de la música. Quizás, la tapas y el arte interno de discos como The Sargent Pepper´s Lonely Club Hearts Band
o Ther dark side of the moon sean
emblemáticos ejemplos de esto. Por otro lado, escuchar la música se transforma
en una verdadera ceremonia: se toma el disco, se disfruta de la tapa, se saca
el vinilo, se observan los surcos de las canciones, se lo pone en la bandeja
tocadiscos, se apoya el brazo con la púa en los surcos. La canciones también se
pueden ver y en un momento hasta parece que el espíritu del disco nos invadiera
y la música nos empapara como una esponja. Una experiencia única. No sabemos
todavía si está tendencia de retorno al vinilo será sólo cuestión de un nicho
compartido sólo por melómanos o coleccionistas, pero por ahora el fenómeno
llegó para quedarse y resistir. Ya es mucho más que una resistencia al paso del
tiempo, es una experiencia única que se tiene ganas de vivir y compartir.
jueves, 17 de octubre de 2013
Vinilo XII – Introspective
Entre todos los sonidos característicos
de los 80, la música electrónica de Pet Shop Boys es con seguridad una de las
más representativas. El dúo de Neil Tennant y Chris Lowe comenzó la década
con un debut exitosísimo, la recordada West wend girls, que rápidamente los
puso a la cabeza de todos los ránkings. Aún hoy suele estar en los primeros
lugares de cualquier encuesta en donde se recuerde la música de esa década.
Había encanto en lo que proponían, una mezcla de electrónica, dance, melodías
pop, una voz dulzona, toques clásicos. Sus discos son muestra de buen gusto e
inventiva en un estilo en donde no sobraban esos atributos. Actually, por
ejemplo, los encontró maduros y exitosos, con letras que se animaban a la
crítica social —con Tatcher y sus políticas conservadoras en el poder— y que
les dieron además de éxito un gran prestigio artístico.
Como otros músicos de la época,
Pet Shop Boys editaba los éxitos más grandes de sus discos en versiones
remixadas de larga duración, especialmente diseñadas para su difusión en las
discos. Hacia fines de la década, el dúo sorprendió invirtiendo la ecuación:
sacó un álbum de apenas seis canciones que duraban un promedio de ocho minutos
cada una. Ellos mismos habían trabajado en la extensión de los temas, siendo en
sí mismos cada uno de ellos un verdadero remix. Introspective, editado en 1988, tenía además riesgo artístico con
la inclusión de nuevas sonoridades y un exquisito gusto que equilibraba la letanía
de los sintetizadores con bellas melodías de excelencia pop. Domino dancing, el gran éxito comercial
del disco, saturó nuestras escuchas de tanta exposición, pero es un ejemplo
fantástico de que la idea les había salido muy bien.
El disco tenía otras sorpresas. Un
cover de Elvis Presley, Always on my
mind, aún hoy es considerado como uno de los mejores hechos sobre el rey
del rock. En I want a dog, incursionan
en la música house; el tema tiene un
celebrado y extenso solo de piano. Quizás la gema del disco sea Left to my own devices, que tenía una
gran desarrollo orquestal que incluía la participación de una soprano y un
producción cuidada al detalle. Pet Shop Boys demostraba en Intropective que con buen gusto podía tomar todos los elementos
sonoros de los ochenta y traducirlos en un disco de diseño y estilo únicos que
definitivamente los transformó en verdaderos artistas. Un celebrado álbum que
mantiene intacta su calidad sonora y su vitalidad. Un disco de época que se
puede volver a escuchar con el mismo encanto y la misma felicidad.
viernes, 16 de agosto de 2013
Pasión, ego y filosofía en el relato del hecho maldito
Una lectura
de Peronismo,
Filosofía política de una persistencia argentina de José Pablo Feinmann
Proponerse analizar e interpretar al Peronismo desde la defensa
de sus conquistas sociales más profundas y la crítica descarnada hacia sus
errores históricos más notables es una tarea gigante que sólo se puede encarar
desde el conocimiento profundo, el amor y el dolor que inspiran, el coraje de
saber que no siempre se saldrá indemne en el intento, y la osadía de poner el
cuerpo y la mente en eso que no sabemos explicar muy bien qué es, pero que nos
traspasa como sociedad desde hace casi 70 años. El Peronismo vuelve una y otra vez a interrogarnos como sociedad
porque, aún en quienes dicen detestarlo, su accionar nos define como ciudadanos
ante lo político y lo público. José Pablo Feinmann —filósofo, novelista,
guionista de cine, ex militante peronista, hombre apasionado— nos habla desde
la academia y desde la militancia, exaltando y cuestionando en partes iguales,
con la misma lucidez, lo mítico y lo reprochable de la historia peronista. Su
intento, pasional y polémico, erudito y pendenciero, se vuelca en dos volúmenes
—Tomo I, “De 1943 al primer regreso de Perón” y Tomo II “Del primer regreso de
Perón al golpe militar de 1976”—, que no pueden dejar de leerse de un tirón,
dejándonos exhaustos y perplejos ante la persistencia del hecho maldito de un
país pequeño burgués. Estas líneas se ocupan de esa primera parte.
I
A pesar de que no siempre mantiene linealidad en el relato
histórico, Feinmann se propone contarnos el Peronismo desde sus orígenes. El
Coronel carismático, integrante de un gobierno militar y golpista obsesionado
por la industrialización pesada, se queda con aquello que nadie ve ni registra.
La Secretaría de Trabajo y Previsión le brinda la posibilidad de ponerse en
contacto con esa masa de nuevos obreros, que llegados del campo a la ciudad,
carecen de toda conciencia de sus derechos. Si
Roberto Arlt se queda con el idioma que la academia desconoce, Perón apunta a
la nueva clase social invisible para el poder político. Ese berretín, como lo llama el autor, le
dará la posibilidad de amasar poder desde un nuevo lugar con una inteligencia
superior a la media vigente. Usará su carisma inigualable, un lenguaje llano y
picaresco, los medios afines y una política social activa e inédita para en
poco tiempo conseguir una popularidad gigante. Tenía ambiciones políticas el
Coronel y de pronto, en una jornada de movilización popular genuina y
multitudinaria, los invisibles ponen las patas en la fuente y le dan la presidencia
de la república. Algo absolutamente nuevo y transgresor estaba sucediendo en un
país formado y dominado por la oligarquía.
A no dudarlo, nos dice Feinmann, el Peronismo en el gobierno se comportó como un régimen:
personalismo, concentración de poder, persecución a la prensa opositora. Pero
las capas bajas de la población conocieron derechos que les habían sido negados
en forma sistemática: sindicalización, vacaciones pagas, aguinaldo, salud,
educación, el desarrollo de una industria liviana que creó miles de puestos de
trabajos, las nacionalizaciones, la inédita asistencia social. Y un dato
estadístico que visto hoy sería revolucionario: el 53% del PBI destinado a los
desposeídos. Ese es el hecho inexorable de la mística peronista, algo que esas
clases dominantes no le perdonarán nunca, ni ayer, ni hoy. Algo que los
excluidos del sistema imperante tampoco olvidarán nunca, ni ayer, ni hoy. Un
nuevo poder construido con un nuevo sujeto social. En el medio de este
verdadero tembladeral —nos sumamos a la izquierda boba argentina que siempre se
regodeó diciendo que Perón no era revolucionario—, está Eva. Evita es un acto
revolucionario en la vida de Perón, nos dice Feinmann, quizás el único. Y
agrega: no es poco, considerando que ningún presidente argentino tuvo jamás un
acto revolucionario. Eva concentra en su figura el fanatismo por Perón, pero
implícito en su discurso, lleva consigo las mayores exigencias hacia el líder:
el enemigo acecha, es vengativo, hay que profundizar los cambios y prepararse
para resistir. Un cáncer abominable, celebrado por el más rancio antiperonismo,
la convirtió en un cadáver exquisito, libre de contradicciones. Su infatigable
obra social y su militancia sin respiros la convierten en el primer mártir
peronista.
II
El autor de La sombra
de Heidegger se interna con pasión y dolor en sucesos esenciales que
marcarían a fuego el resto del siglo para la Argentina: el bombardeo a Plaza de
Mayo, el derrocamiento de Perón, el fusilamiento de Valle. La conducta de Perón
tras la muerte de Eva es severamente criticada; rodeado de alcahuetes y
adulones se enfrasca en una guerra con la Iglesia Católica que fue creciendo en
agresiones y episodios de violencia. Aliada como siempre con los poderosos, la
Iglesia ayudó a aglutinar a la oposición y darle un discurso único. Los aviones
que bombardearon Plazo de Mayo —un suceso cruel y nefasto, un ataque artero y
cobarde contra población indefensa, un presagio de la noche negra de la
dictadura del 76— llevaban la inscripción Cristo
vence, y después de regar de cadáveres Buenos Aires huyen a refugiarse a
Uruguay. La intentona fracasa, pero el odio es más fuerte. Volverían a la carga
meses después. El golpe del 55 es
claramente un golpe de clase, la vieja oligarquía se toma venganza echando a
patadas al tirano y comienza un
brutal período de desperonización, festejado y aplaudido por los medios y la
clase media, que sólo ambiciona, ayer como hoy, espejarse en los más poderosos.
La Libertadora, como se llamó a esa jauría de perros infames, se empecinó con
su odio de clase, sus políticas entreguistas y su violencia persecutoria de la
militancia peronista, cubierta por las loas de todo el establishment, incluyendo el cultural. Ahí está ese texto fundante
del odio gorila, La fiesta del Monstruo, escrito
por Borges y Bioy para atestiguarlo. Los fusilados en el levantamiento del
General Valle, suceso magistralmente narrado por Rodolfo Walsh, vienen a
mostrarnos blanco sobre negro el espíritu de los libertadores del ’55: brutalidad, odio, resentimiento, venganza.
Feinmann se embarra en el relato y en su interpretación de
los hechos ocurridos desde el golpe del ´55 hasta el retorno de Perón a la
Argentina. Y su afirmación es clara y contundente: la proscripción del peronismo impide el ejercicio de la democracia en
el país y el empecinamiento gorila de todo el andamiaje militar y político que
permitió esa anomalía es mayormente responsable de la escalada de violencia que
se sufrió. Lejos de desperonizarse la sociedad argentina comprendió que los
logros sociales y políticos del peronismo adquirían forma de leyenda y mito
ante el cuadro represivo y entreguista de los sucesivos gobiernos militares y
pseudodemocráticos que le siguieron. En el exilio, Perón juega un ajedrez
desgastante para el poder, contiene a todos los sectores, pelea en todos los frentes
para lograr su retorno. Y en el contexto de una gesta gigante de la militancia
logra volver: el país entero era peronista, el Padre Eterno bajaba a la tierra
a devolverle el color a los días grises de su ausencia. El problema no
percibido en esos días de efervescencia y militancia es que cada quien veía en
Perón algo distinto y el General —viejo, malo y enfermo— decide tomar partido
por lo peor. Esa elección del líder no da
lugar a equívocos, Perón debía conocer el accionar mafioso de la ultraderecha
que lo acompañaba en el retorno y a sabiendas, la dejó hacer. El líder
dejaba de ser un significante vacío que cada quien llenaba como quería, a pasar
a tomar partido por uno de los bandos, sin dudas el peor y más nefasto.
Feinmann sabe que la afirmación es polémica y le granjeará el odio de buena
parte del peronismo, pero así como le cuelga todas las medallas de sus logros
inéditos y es lapidario con los enemigos que no permitieron su retorno a
tiempo, no tiene medias tintas en su condena a la teoría del entorno con que muchas parte de la
militancia justificaba las actitudes del Perón otra vez Presidente.
III
El ensayo de José Pablo Feinmann mantiene encendido el debate
con referencias a la actualidad y al enfrentamiento del kirchnerismo con los
grupos de poder que son los mismos que trabajaron incansablemente para derrocar
a Perón. Pero lo interesante de estas desbordantes páginas es que el autor
defenderá con pasión cada logro extraordinario de aquel primer peronismo y será
firme en la condena a las actitudes del líder en su retorno a la Argentina.
Quizás hasta llegando más lejos que los propios intelectuales del
antiperonismo. Privilegios de una mente clara, sanguínea, honesta, desprovista
de todo prejuicio gorila, testigo privilegiado de la historia, a veces
demasiado autoreferencial, pero sin odios y memoriosa hasta en la anécdota. No
se podrá acusar al autor de andarse con medias tintas a la hora de analizar
conductas propias y ajenas, pero las continuas referencias a su propio
protagonismo en los hechos y un ego a flor de piel para citarse en forma
continua logran, a veces, entorpecer lo que trata de argumentar. Este Peronismo de José Pablo Feinmann es esencial para el debate y la polémica, pero
también es necesario para entender por qué pasa lo que pasa en nuestros días.
martes, 23 de julio de 2013
Lanata: desventuras de un periodista con conchero
La primera vez que vi a Jorge Lanata por televisión fue
durante los 90 en Hora Clave, el por
entonces programa estrella del periodismo político televisivo, conducido por
Mariano Grondona. El Gordo estaba invitado a debatir con alguno de los
mediáticos defensores del menemismo —¿sería Jorge Asís?— y vestía una campera
de cuero roja. Esa noche provocó por duplicado con las formas que serían su
marca registrada; el rojo furibundo insultaba las corbatas grises del
periodismo “serio” y su lengua filosa arremetió con una irónica y burlona
interpretación del peronismo. En todo momento el tipo sentía que el centro del
universo pasaba por él y la versión tan gorila y chiquita del peronismo que
expuso pasaba disimulada por el escándalo de la frivolidad y el robo de esos
años nefastos. Ídolo de todos los estudiantes de Periodismo en ese momento,
director de Página/12, el diario que había venido a cambiar la forma de hacer
periodismo gráfico en la Argentina, estupendo escritor, ingenioso y picante
para el debate, ya se sentía un superstar y empezaba a construir el personaje
que lo tiene devorado desde hace tantos años.
Hoy que trata de chorros, brutos, pelotudos e imbéciles a
todos los que intentan, con más o menos fundamentos, rebatir su “relato”, esas
formas provocativas derivaron en una triste caricatura. Adjurando de todo lo
defendió y de todo lo que combatió durante muchos años, hoy corre detrás de la
línea editorial que le exige el Grupo Clarín con la dedicación, el énfasis y el
fanatismo de los conversos. Se puede entrever el odio que le deben tener sus
nuevos compañeros de odio—Van der Kooy, Castro, Majul, Leuco, Bonelli, etc.— que
hubieran querido para ellos ese papel protagónico. Él los humilla, “la estrella
soy yo, pelotudos”, y arremete contra todo y todos. El detestable Mauro Viale
lo calificó de manera notable: “periodista con conchero”. Su programa es un
show televisivo que toma todos los tips de la actual televisión comercial
argentina: agresión, bravuconería, provocación, chicanas, agravios, sarcasmo,
el más desagradable humor. Su periodismo de investigación, plagado de datos
inexactos, fuentes dudosas, datos no confirmados, recursos cuestionables, es un
insulto a la profesión.
Puedo aceptar que Jorge Lanata crea que el kirchnerismo sea
algo detestable por los motivos que se le ocurran, pero las formas que utiliza
y su sumisión al grupo mediático que representa descalifican su opinión. Su
memoria es frágil, tan frágil que ha olvidado las denuncias de lavado de dinero
firmadas por su puño y letra en el malogrado diario Crítica, que involucraban a
miembros del directorio del Grupo Clarín, por ejemplo. Grupo al que años atrás
acusaba de monopólico y de querer inculcarnos qué comer, qué pensar, qué
decidir. Mientras tanto, muestra cada día una imagen más degradada y degradante
de su propia figura y de la figura del periodista comprometido. Quizás esta sea
su verdadera cara, la cara más triste y lastimosa del tipo que tuviera bajo su
dirección la última revolución en el periodismo gráfico argentino y hoy es la
cara visible de un grupo mediático lanzado a voltear al único gobierno que ha
osado enfrentarlo, utilizando las armas más nefastas de la profesión.
martes, 30 de abril de 2013
Vinilo XI –The friends of Mr. Cairo
Las reuniones de artistas que provienen
de lugares diferentes y se asocian para crean una obra en común no siempre
arroja buenos resultados. Es muy difícil producir esa química, esa mezcla, que
sirve para generar algo distinto e igualmente bueno de lo que pudieran hacer
individualmente cada uno de ellos. La asociación entre Jon Anderson y Vangelis
alcanzó esa meta, dando a luz cuatro discos a lo largo de una década, donde la
belleza melódica se une a una continua búsqueda de nuevas sonoridades. Anderson
era una voz reconocida mundialmente, un letrista consumado y miembro fundador
del mítico grupo de rock progresivo inglés Yes.
Vangelis, notable músico griego experimentador de nuevos sonidos, había creado
entre otras cosas, la banda de sonido de la película Carrozas de fuego, que le diera un Oscar de Hollywood y fama
mundial. En Argentina, la música que escribiera para la película Blad Runner inauguró durante años la trasmisión televisiva Fútbol de primera.
De esta fructífera unión, el más
conocido y exitoso álbum fue sin duda The
friends of Mr. Cairo, editado en 1981. De los cuatro discos editados el
dúo fue sin dudas el más accesible para el gran público, con muchos temas
comercialmente exitosos como State of
Independence (que tuvo hasta una versión posterior a cargo de Donna Summer)
o I’ll Find my Way Home, que como
dato curioso se puede señalar que no formaba parte del álbum originalmente.
Lanzado como single su éxito obligó a la grabadora a incluirlo en el disco; en
menos de una semana el disco tuvo dos versiones, hasta con tapas distintas, con
y sin este éxito enorme. El secreto del éxito del dúo quizá estaba en el
sentimiento que la bellísima e inconfundible voz de Anderson le daba a las
estructuras sonoras a veces gélidas de Vangelis. El resultado era encantador y
ambos influenciaron mutuamente sus respectivas músicas.
La canción que da título al
vinilo y el video musical que la acompañaba eran una tributo a las películas
clásicas de Hollywood de los 50, en especial la esencial El halcón Maltés. En el tema aparecen sonidos y voces de actores
tomadas de esas películas, formando un collage sonoro sorprendente. En The friends of Mr. Cairo pueden
escucharse tiros, frenadas de autos, pisadas apresuradas y las voces de los
actores Humphrey Bogart y Peter Lorre, entre otros. Esa alquimia, esa mezcla
de formatos y estilos, llenaba de pequeñas y grandes felicidades la escucha
atenta de esta obra de dos grandes músicos que se ponen uno al servicio del
otro. Un hermoso sonido que es más que la suma de dos, es la realización de
algo nuevo distinto y encantador.
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