Entre todos los sonidos característicos
de los 80, la música electrónica de Pet Shop Boys es con seguridad una de las
más representativas. El dúo de Neil Tennant y Chris Lowe comenzó la década
con un debut exitosísimo, la recordada West wend girls, que rápidamente los
puso a la cabeza de todos los ránkings. Aún hoy suele estar en los primeros
lugares de cualquier encuesta en donde se recuerde la música de esa década.
Había encanto en lo que proponían, una mezcla de electrónica, dance, melodías
pop, una voz dulzona, toques clásicos. Sus discos son muestra de buen gusto e
inventiva en un estilo en donde no sobraban esos atributos. Actually, por
ejemplo, los encontró maduros y exitosos, con letras que se animaban a la
crítica social —con Tatcher y sus políticas conservadoras en el poder— y que
les dieron además de éxito un gran prestigio artístico.
Como otros músicos de la época,
Pet Shop Boys editaba los éxitos más grandes de sus discos en versiones
remixadas de larga duración, especialmente diseñadas para su difusión en las
discos. Hacia fines de la década, el dúo sorprendió invirtiendo la ecuación:
sacó un álbum de apenas seis canciones que duraban un promedio de ocho minutos
cada una. Ellos mismos habían trabajado en la extensión de los temas, siendo en
sí mismos cada uno de ellos un verdadero remix. Introspective, editado en 1988, tenía además riesgo artístico con
la inclusión de nuevas sonoridades y un exquisito gusto que equilibraba la letanía
de los sintetizadores con bellas melodías de excelencia pop. Domino dancing, el gran éxito comercial
del disco, saturó nuestras escuchas de tanta exposición, pero es un ejemplo
fantástico de que la idea les había salido muy bien.
El disco tenía otras sorpresas. Un
cover de Elvis Presley, Always on my
mind, aún hoy es considerado como uno de los mejores hechos sobre el rey
del rock. En I want a dog, incursionan
en la música house; el tema tiene un
celebrado y extenso solo de piano. Quizás la gema del disco sea Left to my own devices, que tenía una
gran desarrollo orquestal que incluía la participación de una soprano y un
producción cuidada al detalle. Pet Shop Boys demostraba en Intropective que con buen gusto podía tomar todos los elementos
sonoros de los ochenta y traducirlos en un disco de diseño y estilo únicos que
definitivamente los transformó en verdaderos artistas. Un celebrado álbum que
mantiene intacta su calidad sonora y su vitalidad. Un disco de época que se
puede volver a escuchar con el mismo encanto y la misma felicidad.