viernes, 24 de marzo de 2017

Vinilo XVIII – Band on the run


I

Debe haber sido muy difícil ser un ex beatle inmediatamente después de la separación de los fabulosos cuatro. Con John Lennon a full en su relación con Yoko Ono, con George Harrison liberado artísticamente y componiendo algunas de sus mejores canciones, con Ringo Starr viviendo una vida de dandy despreocupado, quizás haya sido Paul McCartney quien llevara la parte más pesada de la cruz. Paul fue el primero en anunciar la definitiva separación de The Beatles y el primero en grabar un álbum solista, titulado simplemente McCartney (1970), de carácter minimalista, como si quisiera expresarse en voz muy baja tras los ruidos estruendosos que acompañaron el fin de la banda de rock más grande de todos los tiempos. El éxito comercial fue inmediato;  sin embargo, la crítica fue un tanto reticente. Casi en forma inmediata y acompañado de su esposa Linda Eastman (fotógrafa profesional, fue la primera mujer en ser autora de la portada de la revista Rolling Stones), grabó otro disco de temática similar, Ram (1971), en donde Paul toca casi todos los instrumentos. Obsesionado con ser reconocido como en sus mejores épocas con The Beatles, McCartney decidió formar una banda, a la que llamó Wings, y en donde además de su esposa Linda, lo acompañaban grandes músicos como el guitarrista Danny Laine y el baterista Denny Seiwell. Sus más grandes composiciones habían salido a la luz en la tensión creativa que los Beatles conservaron hasta último momento, quizás la falta de ese amparo haya servido para movilizarlo a formar una banda. Con ellos graba Wild life (1971) y Red rose speedway (1973); esta vez el éxito comercial y la buena crítica se unían para alabar a unos los músicos fundamentales de siglo XX. Paul McCartney volvía a sonreír.

Paul y Linda McCartney y Denny Laine grabando en Lagos, Nigeria.
II

Motivado por la repercusión de Wings, Mccartney decidió volver a componer en forma rápida, pero aburrido de la monótona forma de grabar de Londres, decidió buscar algún lugar distante para viajar y registrar sus nuevos temas. Le pidió a su compañía discográfica, EMI, que le pasara un listado de todos los lugares en el mundo donde tuviera estudios de grabación propios. Multinacional al fin, EMI tenía filiales en los lugares más remotos. En algún momento se barajó a Buenos Aires, que tenía los mejores técnicos y estudios de Latinoamérica, pero Paul se decidió por el más exótico: Lagos, en Nigeria. Nadie podía creerlo, ni sus propios músicos. McCartney no se amilanó ante ningún obstáculo, ni los trámites, ni las vacunas que todos debieron darse, ni las advertencias de una situación social complicada lo detuvieron. Sin embargo, a pocas horas de partir, varios de los músicos que lo acompañaban se arrepintieron, por lo que sólo viajaron Paul, su esposa Linda, el guitarrista Denny Laine y el histórico ingeniero de grabación de The Beatles, Geoff Emerick. Llegados a destino, las cosas ya no serían tan románticas como las pensó Paul.

Los Wings, por las calles de Lagos.
III

McCartney alquiló una casa cerca del aeropuerto y un poco distante del estudio de grabación que estaba bastante lejos de tener las mejores condiciones. Parecía semiabandonado, sucio, desarreglado, con una de las dos consolas de grabación que tenía en mal estado. Emerick usó todos sus trucos para dejarla en condiciones;  pero claro, todos venían de grabar durante años en Abbey Road, las diferencias saltaban a los ojos. Las dificultades comenzaron a acumularse unas tras otras. Las grabaciones se hacían de día, entre la mañana temprano y la tarde, nadie quería moverse de noche en una ciudad signada por la violencia y la represión de una feroz dictadura. El calor se hacía insoportable, tanto, que en una de esas mañanas Paul se desmayó, no reaccionaba y debió ser internado. El clima y el consumo excesivo de cigarrillos le habían provocado una trombosis que pudo controlarse. Superado el trance y de vuelta a las grabaciones, una grupo de músicos locales se manifestó frente al estudio porque consideraban que los músicos ingleses venían a robarle sus raíces culturales. Hábil relacionista público, nuestro héroe habló horas para congraciarse con los manifestantes. Logró el éxito con creces, terminó zapando con varios de ellos en el estudio. Una noche sufrió el robo de varias de las bases que había llevado pregrabadas de Londres. Casi encaprichado, dispuesto a no admitir un fracaso, Paul grabó nuevamente todo tocando todos los instrumentos. Una hazaña musical en las peores condiciones posibles.

Anverso de la portada de Band on the run.
IV

Contra el calor, las dificultades técnicas, la regrabación de las pistas, la hostilidad del entorno y su propia salud, McCartney y compañía terminaron la grabación. Festejaron con una gran comida en la playa y emprendieron el retorno a Londres. En el estudio de George Martin se hicieron los últimos retoques y sobregrabaciones y terminaron el trabajo. Una vez publicado, el éxito y el reconocimiento fueron unánimes: por gran diferencia todos afirmaban que se trataba del mejor trabajo del ex beatle, a la altura de sus mejores composiciones. El disco tiene un sonido crudo y muy claro y está repleto de grandes líneas melódicas y una gran inspiración en las letras. La suite que le da nombre al disco es una las grandes creaciones de McCartney; “Band on the run” tiene varios fragmentos pegados de bellas melodías y pulso rockero, un master class de música contemporánea eterna, a la altura de los mejor de su extenso repertorio. Lo acompañan otros temas que se convertirían en clásicos: “Jet”, “Let me roll it”, “Mrs Vandebilt”, “Nineteen hundred and eigthy-five”, entre otros. Paul estaba tan satisfecho con el resultado que se decidió a volver a tocar en grandes lugares, reversionando algunos de los clásicos de The Beatles, algo que había evitado por mucho tiempo. Por fin, se sentía seguro de lo que era capaz de hacer en solitario. La tapa fue otro hallazgo y se convirtió en el tiempo en icónica. La fotografía que la ilustra muestra a McCartney y los otros Wings más un conjunto de celebridades sorprendidos contra un paredón por un reflector de la policía. Entre esos famosos estaban los actores Michael Parkinson y Christopher Lee, este último célebre por sus papeles interpretando a Drácula, Clemed Freud, parlamentario británico y nieto de Sigmund, y John Conteh, boxeador de Liverpool, que un tiempo después sería campeón mundial, entre otros.

Etiqueta del vinilo reeditado.
V

El éxito comercial fue enorme y Paul McCartney volvía a posicionarse como el gran compositor popular del siglo XX. Band on the run se convertiría con los años en un clásico perenne, resistente a las modas, los años, los sistemas de grabación, el mito de su autor y a la altura casi inalcanzable que The Beatles habían desarrollado la década anterior. La aventura loca de una grabación en Nigeria en 1973, al principio romántica, luego azarosa, al final casi muy peligrosa, paría un disco brillante y eterno. Un nuevo legado del gran Paul McCartney. 

miércoles, 25 de enero de 2017

A la caza de la ballena blanca

Una lectura de Sombras verdes, ballena blanca de Ray Bradbury

Ray Bradbury es una marca ineludible y universal en la literatura de la ciencia ficción. Bastaría nombrar a Crónicas marcianas (prologada en Argentina nada menos que por Borges), El hombre ilustrado, Fahrenheit 451 o Las doradas manzanas del sol, para tomar dimensión sobre quien estamos hablando. Pero semejante celebridad tuvo también otros trabajos paralelos (y complementarios) a su oficio de escritor, entre los que se cuentan el de periodista y el de guionista de cine. En 1953, con poco más de 30 años, recibe una oportunidad única de triunfar en el difícil mundo de Hollywood; el célebre director John Huston le encarga escribir en conjunto el guión de la adaptación para el cine de la novela de Herman Melville, la canónica y majestuosa Moby Dick.

I

El joven Bradbury se enfrentaba con este ofrecimiento a dos grandes desafíos: adaptar al lenguaje del cine una obra inmensa y que, increíblemente, hasta ese momento no había leído y trasladarse a Irlanda por varios meses, lugar donde Huston se había radicado desde hacía algunos años. Dejando atrás a su esposa e hija decidió aceptar el desafío y viajar a la vieja Europa a enfrentarse con la mitológica ballena blanca y a los modales y el carácter de un director pedante y caprichoso, el temido realizador de hazañas como El halcón maltés o El tesoro de la Sierra Madre. Bradbury lee y relee furiosamente a Moby Dick (¡nueve veces!) para lograr captar la esencia de esa historia gigante y conmovedora y comienza a desandar el camino del guión. Para ello, acuerda las líneas maestras de la redacción con Huston, que de hecho coescribe el guión, y durante meses, solitario y perdido entre los siempre verdes paisajes de Irlanda, lucha y vence en su titánica tarea. En el medio, Bradbury vive a Irlanda, descubre a Dublin, a su gente, su historia y sus costumbres. Y escritor al fin, decide tomar notas de cada cosa que escucha, que ve y que hace. El tiempo transformó esa experiencia en un libro magnífico, una rareza en su bibliografía y que es varias cosas al mismo tiempo: una novela, un conjunto de misceláneas, una crónica, una ficción. Hablamos del libro que nos ocupa, este muy entretenido Sombras verdes, ballena blanca.

Ray Bradbury y John Huston trabajando en el guión de Moby Dick, Irlanda, 1953.
II

Afiche promocional de la película.
La novela de Bradbury, está planteada como eso, una novela, 
y a sí puede leerse. Lo atrayente de su recorrido es que nunca sabemos en forma cierta cuánto hay de ficción y cuanto de crónica de los que nos cuenta. Esa sabia mezcla es el mayor encanto de este raro libro. El joven guionista, en plena pelea con la mítica ballena nos pinta al pueblo irlandés con mano maestra. En la mayoría de sus horas de ocio se instala en uno de los cientos de pubs de Dublin y entabla amistad y conversación con el dueño y sus parroquianos, entre cerveza bebida a raudales y charlas desopilantes por lo graciosas o profundas por lo incisivas. Bradbury encuentra en esas horas en el pub la esencia de un pueblo: sus costumbres, sus valores, sus defectos, sus frustraciones. En el medio nos deleita con un puñado de relatos tomados de sus experiencias y que el autor ficciona con gracia, humor y profundidad. Por supuesto, la monstruosa –en todos los sentidos­- Moby Dick sobrevuela toda la novela. Bradbury cree entender el sentido último del libro que aborda pero debe lidiar con las estrecheces del formato al que debe adaptar el relato. Finalmente decide junto a Huston, limitar la historia a Ahab, a su obsesión y a su triste final. El trabajo junto al viejo director, fue difícil por todo lo que rodeaba a su figura. Su trato con todo su séquito era bastante desagradable, bordeando el mal gusto y la humillación, incluso con su mujer: el mundo de un millonario caprichoso. Bradbury lo soporta entre estoico y sorprendido y la imagen que muestra de todo lo que rodea al director es brutalmente dura, pero sin perder nunca la ironía y el humor. Finalmente, ambos guionistas logran vencer a la bestia, el trabajo termina y nuestro autor vuelve a su país. Quedaba la hazaña de filmar, pero eso ya era trabajo de Huston.

III

Este Sombras verdes, ballena blanca es una rareza llena de felicidades. Encontramos en sus líneas a un muy joven escritor, en las puertas de la fama mundial, que con buen gusto y un poder de observación únicos, nos regala una novela muy entretenida. Una novela con una sabia mezcla de géneros que nos muestra a un país y a su gente con agudeza y humor. Este Ray Bradbury casi oculto nos regala un ejercicio magnífico de literatura de gran clase que, mezcla de novela de aventuras y diario de viaje, pinta a un pueblo y sus costumbres con la precisión y el ingenio de un consumado cronista. 

La película puede verse en línea a través de este link: Moby Dick, de John Huston, 1956

Ficha del libro
Título: Sombras verdes, ballena blanca
Autor: Ray Bradbury
Edición: Emecé, 1° edición, mayo 1993, Bs. As., Argentina.

jueves, 10 de marzo de 2016

El encanto de un libro perdido y encontrado

Reflexiones acerca de Claraboya, de José Saramago

I

A fines de los 80, José Saramago, ya escritor de renombre en el mundo editorial, futuro Premio Nobel de Literatura, recibe una llamada inesperada. Una editorial se comunicaba para transmitirle la buena nueva de que revisando sus archivos había encontrado el original de Claraboya (Clarabóia, en portugués). Escrita en 1953 había permanecido más de treinta años no sólo inédita, sino perdida hasta para su propio autor. El creador de Ensayo sobre la ceguera no dudó un instante: se hizo rápidamente de su segunda novela y rehusó la oferta de la editorial para su publicación. De nada sirvieron los ruegos de su mujer, la traductora al español de todas sus obras, Pilar del Río, y de su editor, que insistieron en lo que sabían podía ser un éxito editorial seguro: la edición de la novela perdida y encontrada del escritor portugués más traducido en el mundo. Saramago lo prohibió en forma terminante, habían pasado más de tres décadas desde que la había terminado, su tiempo había ya pasado, si querían verla impresa tendrían que esperar a su muerte. Ni siquiera intentó releerla. Aunque algún valor le otorgaría porque a pesar de tanto rechazo, no la destruyó.

II

Tierra de pecado es el primer libro publicado por José Saramago. Editado en 1947, pasó por las librerías sin pena y sin gloria. Para 1953, el portugués fatigaba las editoriales de su país tratando de que alguien le publicara Claraboya, su segunda novela. No tuvo suerte. Ni siquiera consiguió una explicación a tantas negativas, sólo la indiferencia o el silencio. El dolor del rechazo logró que el autor no escribiera por casi veinte años y que el original que tenía en su poder se perdiera entre otros papeles. El desprecio a su obra mutó a humillación, la humillación en dolor, el dolor en silencio. Pero la obra perdida del portugués tenía muchas felicidades escondidas: una historia que transcurre en un edificio de una Lisboa gris y bajo la opresión de una dictadura que no se nombra pero se presiente, un relato coral repleto de mujeres fuertes y hombres solitarios, una novela novedosa y muy arriesgada para una sociedad represora y reprimida. Recién hacia fines de los 70 Saramago volvería a publicar, acompañando su renacer literario a un Portugal que volvía a ver el sol de las libertades públicas. A partir de allí su carrera su carrera literaria no conocería límites: éxito editorial, reconocimiento de la crítica, traducciones alrededor del mundo y finalmente, el Premio Nobel en 1998.

III


En 2010 José Saramago muere en las Islas Canarias, donde residía desde hacía años. Su mujer Pilar creó una fundación que lleva el nombre de su ilustre esposo muerto y que, además de algunas obras filantrópicas, administra el cuidado y la edición de toda la bibliografía del autor de El Evangelio según Jesucristo. Esta vez no había nadie que se opusiera a la publicación de Claraboya, el libro perdido y encontrado de una celebridad mundial. Saramago era ya una marca que vendía por sí misma y Alfaguara, aprovechando la publicación de toda la obra del autorproduce en 2011 un enorme impacto editorial editando un texto inédito por casi 60 años de una vaca sagrada de la literatura. ¿Estaría José Saramago, ese escritor famoso, que estuvo 20 años sin escribir herido por un rechazo editorial, finalmente feliz de la publicación de su Claraboya? No haberla destruido, revivir acaso los sacrificios y desvelos para escribirla, recordar quizás a la decena de fuertes personajes que la pueblan, decir que no se publicaría jamás con él en vida, es quizás una respuesta que podría interpretarse de muchas maneras. Me pregunto, además, qué pensarían otros autores de la publicación póstuma de sus obras. ¿Una última forma de pedantería o exhibición como a lo mejor sea toda publicación? ¿Un negocio editorial sin medición de valores estéticos o voluntades personales? ¿Una forma de mantener viva la influencia de la obra de toda una vida en la mente de millones de lectores? No está aquí Saramago para contestarlo o, quizás, se encuentre alguna respuesta en la lectura de esta feliz y sorprendente Claraboya, varias décadas después de ser escrita y rechazada.

jueves, 22 de octubre de 2015

Vinilo XVII - Clics Modernos


Después de la celebradísima y exitosa edición de su primer disco solista Yendo de la cama al living (sobre el ya escribiéramos en este blog; ver aquí), Charly García emprendió a comienzos del 83 un viaje a Nueva York con el propósito de comprar nuevos instrumentos y ver de cerca la movida musical de la gran ciudad. Enseguida se sintió más que a gusto con su gente y sus músicos. Un nuevo mundo artístico de abría a su sensibilísima antena de artista popular. Reencontrando nuevamente a Pedro Aznar, que tocando en la banda de Pat Metheny hacía meses vivía en Estados Unidos, García se hizo de varios instrumentos y empezó a componer canciones que daban cuenta del estado de ánimo exultante que tenía en esta experiencia de viajero inquieto. El talento creativo de Charly no sólo estaba secundado por la prodigiosa técnica de Aznar, una nueva compañera lo asistía en el proceso creativo, una compañera que le haría cambiar la manera de componer y pondría patas para arriba su sentido del ritmo en relación con la melodía: la batería electrónica Yamaha TR808.

Último chiche tecnológico del primer mundo musical, la TR808, obligaba a Charly a componer supeditando la melodía o los sonidos al ritmo machacoso de la electrónica. Un nuevo mundo se abría en la prolífica y genial composición y las canciones, nuevas, contundentes, emotivas, salían unas tras otras para crear algo nuevo que revolucionaria el sonido de una década. El gran músico popular argentino se juega el resto, gastando casi todo su dinero en alquilar horas de grabación en el histórico estudio de grabación Electric Lady (ahí grabaron entre otros Jimi Hendrix y The Clash) y contratando al productor más caro disponible, Joe Blaney, que sería fundamental en la grabación y que luego produciría otros discos clásicos de músicos argentinos, como Alta suciedad de Andrés Calamaro, por ejemplo. Charly se propuso grabar en el estudio con un batero de carne y hueso, pero como nada lo conformaba, y luego de muchas horas de sesiones desperdiciadas, se decidió por respetar las bases grabadas de la batería electrónica y sobre ellas realizar una de los registros fundamentales del rock nacional.

Nacía del cerebro lúcido del gran Charly García el trascendental Clics Modernos. Editado en Argentina el disco desconcertó a todos. ¿Es que ahora el rock argentino se podía bailar? A pesar de ser un disco pop-rock, nunca pierde cadencia, ni las melodías desaparecen sepultadas por el ritmo. El gran bajo de Aznar y el piano maestro de García, junto a otros músicos sesionistas top, logran un puñado de canciones inmortales, que aún hoy parecen sonar en el futuro. Nos siguen pegando abajo, No soy un extraño, No me dejan salir, Nuevos trapos, Plateado sobre plateado, Los dinosaurios. Nunca se había escuchado por estos lados estos nuevos sonidos mágicos, este riesgo estético, este salto hacia adelante tan ariesgado. En principio ampliamente resistido por crítica y público, Clics Modernos se fue convirtiendo en un disco esencial que nadie duda en nombrar como uno de los cinco fundamentales del rock argentino. Todavía sigue sonando como si hubiera compuesto y grabado en el futuro.

lunes, 28 de septiembre de 2015

miércoles, 24 de junio de 2015

Genetics y Steve Hackett: la celebración de una música eterna

Con dos exitosas presentaciones en el Teatro Coliseo los días 17 y 18 de junio, Genetics volvió a los escenarios tras la trágica muerte de su frontman Nacho Rodríguez Genta, estrenando nuevo cantante y con la participación estelar del miembro original de Genesis Steve Hackett. Emoción y magia para recrear como nadie las gemas de la música eterna del legendario grupo inglés.


Quizás los momentos más oscuros nos lleven a otros momentos luminosos y mágicos. Algo de eso deben haber pensado los miembros de Genetics cuando se vieron y escucharon en el familiar escenario del Coliseo acompañados nada más y nada menos que por el legendario Steve Hackett, miembro original del Genesis de los dorados años 70. Si ya habíamos destacado la notable performance de Genetics tocando en forma inigualable esos clásicos eternos, hacerlo junto al guitarrista original, coautor e intérprete de muchas de esas páginas, fue un logro artístico mayúsculo. A las cualidades remarcadas del grupo se le sumó el arte, la entrega y la generosidad escénica y artística de un prócer de la guitarra en dos noches mágicas y eternas. Con una escenografía austera, una iluminación exacta y precisas proyecciones que acompañaron las canciones, lograron el clima exacto para la celebración y el homenaje.

Tomás Price, nuevo frontman de Genetics
Una de las incógnitas de la noche estuvo en saber quién y cómo reemplazaría a Nacho Rodríguez Genta en la voz principal. Tomás Price fue una grata sorpresa; quizás ayudado en que todas las miradas estaban puestas en Hackett, el debutante cantó admirablemente. No tiene la presencia escénica del ausente homenajeado, pero descolló en cada una de sus intervenciones: un verdadero hallazgo. El resto de la banda impecable como siempre. Daniel Rawsi en batería, Claudio Laface en bajo y guitarra, Horacio Pozzo en teclados y Leo Fernández en guitarra son Genesis. Uno cierra los ojos y resulta muy difícil no pensar que está escuchando a la vaca sagrada del rock sinfónico, a la banda más imaginativa, potente, dramática, operística y genial de toda la música progresiva de cualquier lugar y época. Si a eso le sumamos la presencia majestuosa del guitarrista original que tocó en esas grabaciones eternas, sabemos que el banquete estaba servido. Steve Hackett se comportó como un sabio generoso: tocó como nadie lo que tenía que tocar e hizo participar a Leo Fernández en proporciones casi iguales a las de él. El resultado fue magia en estado puro.

El gran Steve Hackett
El arranque fue con Dance on a volcano, primer tema del primer disco post Peter Gabriel; escuchar esos primeros acordes de Hackett erizó la piel. No fue la única vez: Dancing with the Moonlit night, The fountain of Salmacis y Firth of fifth fueron puntos altísimos, casi insuperables. El guitarrista inglés tocó con pasión y en forma inmejorable cada nota. Verdadero maestro de la guitarra, estudioso por años del instrumento y todas sus variantes, dueño de una generosa discografía solista, Steve Hackett no necesita excesivos yeites para deslumbrar ni sumar notas en breves tiempos para demostrar destrezas. Su manera de tocar hace alargar y profundizar el sentimiento de cada nota y cada acorde. Los magistrales y emocionantes solos ejecutados al final de The Lamia y la suprema obra maestra Supper’s Ready (que Genetics tocó íntegramente en su más de 20 minutos en gran forma) fueron demostraciones de que Hackett puede hacer que un instrumento nos hable, nos transporte, nos penetre. El maestro tuvo además un set acústico en guitarra española que desembocó en la genial Horizons, primer y breve track del lado B de Foxtrot, su segundo disco en Genesis.



Los extraordinarios bises con Watcher of the skies y la imperecedera The musical box cerraron una mágica noche de música y emociones. Los Genetics, renaciendo desde el dolor de la pérdida de su amigo y carismático frontman, se encontraron nuevamente con su público, con el talento sabio y generoso de Hackett, con la obra monumental de Genesis, con la certeza de que son bastante más que una banda tributo. Son una forma de arte casi renacentista, que con preciosismo y pasión, reviven una obra eterna. Salud Genetics, el milagro ha sido hecho y hemos podido escucharlo y verlo: Genesis no morirá jamás.

domingo, 17 de mayo de 2015

"Las ideas de Cooke golpean la conciencia de los argentinos"

En una breve y luminosa charla con este blog, Daniel Sorín, autor de John William Cooke, La mano izquierda de Perón, nos habla del legado, la filosofía y la militancia políticas del primer delegado de Perón en la Argentina durante su exilio. El pensamiento claro, el análisis histórico didáctico y la relectura desde el presente de la filosofía política de Cooke desde la lúcida mirada de Sorín, nos traen la mítica figura del Bebe para cuestionar y analizar el presente.

En el prólogo a tu libro decís que traes a Cooke a partir de este presente. ¿Por qué Cooke? ¿Qué cosas de este presente discuten o ponen en escena su filosofía política?

Hoy en la Argentina se discuten “modelos”. Por un lado el definido como “crecimiento con inclusión” y por otro el típicamente liberal de libre mercado. Lo que no se discute son un par de conceptos. Uno: el capitalismo (o sea el sistema basado en la apropiación por parte del capital del valor que agrega el trabajo, la famosa plusvalía) y dos: la dependencia (esto es, la organización del capitalismo mundial en el que las economías dependientes remiten capital a las metrópolis). No nos preguntamos nada sobre esto. Algunos porque asumen imposible salir del capitalismo dado el fracaso del socialismo real, otros porque imaginan una redistribución de la riqueza que no perjudique a los monopolios.
Traigo a Cooke al presente porque él se planteó esta situación y le dio respuestas. Respuestas diferentes según el momento de la evolución de su pensamiento. Ciertamente, el tema cruza su correspondencia con Juan Perón y define los límites de la Comunidad Organizada.

"El común de la gente exige coherencia entre pensamiento y espíritu. Pero resulta que es infinitamente menos complejo pensar bien que ser mejor. Exigir esa coherencia, lejos de hacernos mejores nos obligará a pensar peor." (Daniel Sorín)

Esta biografía, dedicada al Cooke político y militante, excluye cuestiones que tiene que ver con lo personal. ¿Por qué prescindir de estos tópicos para escribir sobre un personaje histórico? ¿No crees que estas cuestiones ayudarían a entender o conocerlo en forma más completa?

La pregunta es magnífica y la contestación será rara, rara para un novelista: lo que me interesó fue una biografía de su pensamiento. Por supuesto que no es tarea menor una biografía íntima, pero lo que golpea en la conciencia de los argentinos de hoy son sus ideas no sus peripecias personales. No le conozco agachadas al Cooke, al menos que consideremos que ser cocainómano, alcohólico, jugador y mujeriego lo sean. Dicho de forma sintética: conocer mejor a John no nos acerca más a su pensamiento. Un pensamiento complejo, de grandes mutaciones (del radicalismo antiyrigoyenista al marxismo) que no tienen relación con lo bien que bailaba el tango.
(Por otro lado, el común de la gente exige coherencia entre pensamiento y espíritu. Pero resulta que es infinitamente menos complejo pensar bien que ser mejor. Exigir esa coherencia, lejos de hacernos mejores nos obligará a pensar peor.)
No obstante, estuve tentado, te aclaro, porque hay un libro tan mentiroso y cobarde como gorila, al que habría que contestar.

Tras el golpe del 55, Perón nombra a Cooke como su primer delegado en el país. Sobre él recae la enorme tarea de organizar la resistencia. ¿Qué vio Perón en él? ¿Por qué un todavía muy joven dirigente, desconocido para muchos, debía ocuparse de esa enorme responsabilidad?

Cooke ya era conocido. Fue desde 1946 a 1952 diputado nacional y figura clave de la bancada peronista. No integró la lista a diputados del 52 por ser un peronista que se tomó en serio las tres banderas: justicia social, independencia económica y soberanía política. Esto lo hizo profundamente antiburocrático. En la Argentina y en política, la palabra “burócratas” está ubicada en una amorosa vecindad con la palabra “traidores”. Los burócratas eran para Cooke los adulones que fingían estar con el pueblo pero operaban en su contra. En 1966, en su Informe a las bases, definirá de manera precisa lo burocrático como un estilo que opera con los mismos valores que el adversario. Es decir, como un falso adversario del adversario.
Veamos un poco. El 17 de junio de 1954 escribe en su revista De Frente (número 15) un artículo que se llama: “Quiénes facilitan la infiltración comunista”, allí dice:

En los últimos años se ha advertido una peligrosa inclinación en muchos dirigentes sindicales. A poco de llegar a las comisiones directivas, saltando de fábricas y talleres, el flamante dirigente “descubría” un nuevo mundo. Generalmente, el descubrimiento comenzaba con la compra de un sombrero Orión. Luego con los cigarrillos rubios, por supuesto extranjeros. Después, el automóvil, cuanto más largo, mejor.

Con Orión, “Chésterfield” y “bote” la vida resultaba distinta, la fábrica lejana, y sus compañeros obreros, con sus problemas diarios, una cosa realmente molesta. A medida que se internaba en el reconocimiento de la nueva vida [...] perdía el poco o mucho arraigo que había tenido en la masa. Se abría un abismo entre el señor dirigente y sus compañeros obreros. Éstos debían hacer antesala para verlo a aquél, mientras el señor dirigente, a su vez, hacía antesala en las oficinas públicas persiguiendo las cosas más dispares, desde un negocio personal hasta una solución para algún problema gremial que, desconectado de la masa, no se atrevía a encarar.

Notable fragmento que en pocas palabras describe la génesis de la “burocracia sindical”. Cuando en el 55 se produce el bombardeo a Plaza de Mayo, Perón lo llama porque para impedir el golpe los burócratas no servían. Pero el golpe ya era inevitable porque, como pronto se dará cuenta Cooke, el frente del 45 estaba definitivamente roto. Ni el Ejército ni el clero ni los industriales nacionales sostendrían al gobierno.
Producido el golpe, Perón en el exilio pide resistir de las maneras más violentas, llamando incluso a asesinar a los gorilas. Cooke está preso (Las Heras, Devoto, Ushuaia) y es en esas cárceles que junto a César Marcos y Raúl Lagomarsino fundan los primeros comandos. Perón sueña con una insurrección, y para eso Cooke y la izquierda del peronismo (los peronistas antiimperialistas) eran necesarios. Ambos, Perón y Cooke, trabajarán por la insurrección hasta que se convencen de que es imposible. Hacia fines del 57 ambos saben que el pueblo peronista no estaba dispuesto a aguantar seis años del partido de la Libertadora (Balbín) y que votará por Frondizi que promete derogar el decreto 4161 y volver a la Constitución de 1949. Es cuando los dos Juanes hacen el pacto con Frondizi.


"La oligarquía no solamente es dueña de las cosas: también es dueña de las palabras: libertad, democracia, moral. La democracia y la libertad se definen a partir del mundo liberal burgués. " (John William Cooke)


Los cuatro que firmaron el pacto (Perón, Cooke, Frondizi y Frigerio) sabían que era incumplible. La clase obrera enfrenta al gobierno de Frondizi (en 1958 las huelgas alcanzan a 6 millones de días laborables por trabajador y en 1959 a 11 millones). Para ese entonces Cooke piensa que, para no traicionarse, el peronismo debe ser obrero, apoya las huelgas y, aunque no la dirige, está en la primera línea de combate en la toma del Frigorífico Lisandro de la Torre (enero de 1959). Frondizi reprime con tanques del Ejército la huelga, la parodia democrática había acabado. La toma fracasa por la traición de la burocracia sindical, Vandor pide la cabeza de Cooke y Perón acepta y lo saca definitivamente del círculo de las decisiones. Aquí hay que apuntar algo importante: el capital político de Cooke no era propio sino el otorgado por Perón, Cooke era líder por delegación.
La vida de John corre peligro y decide viajar a Cuba (el triunfo de Castro es simultáneo con la toma del frigorífico, enero del 59). Nadie puede saber cuándo Cooke adopta el marxismo (que en él no es contradictorio con el peronismo), yo estoy convencido que cuando viaja a Cuba ya es marxista, pero es opinable. En Cuba escribe uno de sus textos más memorables y que recomiendo: “Aportes a la crítica del reformismo en la Argentina” (que se puede consultar en la edición facsimilar de Pasado y Presente editada por la Biblioteca Nacional), que es un informe a Fidel Castro sobre el Partido Comunista Argentino. Una crítica demoledora por izquierda al partido de Codovilla. En esos años tratará de influir en Perón a favor de la tendencia revolucionaria que recorre el continente.
Contestando a tu pregunta (y dejando tanta cháchara): Perón usó a Cooke cuando le convino y Cooke usó a Perón todo lo que pudo. Fueron todo lo sinceros que podían ser, poco por cierto, pero tengo la sensación que ambos se respetaron. En este sentido es muy reveladora la contestación de John a la invitación del Grupo Cóndor (Hernández Arregui), pero eso lo dejaremos para no extendernos más.

Siempre pensé que la dramática y exagerada adulación pública de Eva hacia Perón llevaba implícita una exigencia enorme hacia el líder. Cooke, en otro momento histórico, va más allá; sin dejar de reconocer y hasta admirar el liderazgo de Perón, lo cuestiona y discute tratando de forzarle definiciones. ¿Cómo analiza ese comportamiento de Cooke en sus formas y en sus contenidos?

Buena parte de la pregunta está contestada en la anterior. Perón es el líder bonapartista de un movimiento que busca la conciliación de clases, la conciliación entre el capital y el trabajo. Esto es indiscutible, solamente hay que leer “La comunidad organizada”.
Cooke integró el peronismo en tanto movimiento nacional. Hasta la resistencia combate las “desviaciones” burocráticas, pero durante la resistencia se da cuenta de que son más que desviaciones: si la burguesía nacional ha pactado con el imperio, entonces el peronismo no puede ser conciliatorio sino obrero o dejará de ser nacionalista. Plantea que un nacionalismo que no fuera antiimperialista no es nacionalismo. Dicho sintéticamente: su peronismo se distancia del peronismo de Perón, en tanto es un peronismo revolucionario, obrero y no burgués.


"La izquierda argentina se divide entre dos bandos, tan burdo uno como el otro: los que piensan que Menem es igual a Kirchner y terminan haciendo asquerosos acuerdos con la Sociedad Rural; y los que se encolumnan acríticamente con el gobierno y terminan comprados por un puñado de cargos." (Daniel Sorín)

El peronismo es muchas veces un significante vacío que cada quien llena con lo que le parece o le interesa. Cooke, desde el marxismo, le encontró un sentido y luchó para forzar a Perón a que se decidiera por su visión. ¿Puede el peronismo actual encontrar un sentido único a su pertenencia política? ¿Tiene sentido plantearse al peronismo como una herramienta de cambio social que revolucione estructuras? Parecería que hoy en día sólo debe conformarse con la redistribución.

Pensemos más allá de las etiquetas que son confusas, especialmente la etiqueta “peronismo” que es extremadamente difusa en sus límites. Una redistribución sin modificar los cimientos de la estructura social no puede ser más que un veranito efímero. El kirchnerismo, que es el peronismo de esta época (líquido comparado con el del 45-49, como líquida es nuestra época con respecto a aquella) después de 12 años de gobierno se salda por derecha. Gane con Scioli o pierda con Macri, lo que viene es un avance de la derecha (lo que no quiere decir que sea lo mismo que gane Scioli o Macri). La razón es evidente y no la ven los que no quieren verla: la economía sigue en manos de los mismos monopolios extranjeros, de los mismos bancos, de los mismos consorcios agroexportadores y de una industria a la que ni se le pasa por la cabeza desarrollar el sector 1 de la economía (máquinas que hacen máquinas) y que solamente se dedica a algunos productos de consumo. Tarde o temprano la lógica política hace (en especial en las semicolonias) que el poder político sea sinónimo del poder económico y el veranito se acaba.
Un par de cosas finales. Uno: No comparto la idea de Cooke de que el único nacionalismo es el antiimperialista. Es el único nacionalismo revolucionario, pero existen nacionalismos más tibios (como el kirchnerismo) que no pueden obviarse. Es interesante esto. La izquierda argentina se divide entre dos bandos, tan burdo uno como el otro: los que piensan que Menem es igual a Kirchner y terminan haciendo asquerosos acuerdos con la Sociedad Rural; y los que se encolumnan acríticamente con el gobierno y terminan comprados por un puñado de cargos.
Dos: un verano, aunque pasajero, es un verano. Soy un trabajador que ha sufrido, a veces más a veces menos, la suerte del común de los trabajadores y no se me escapa ni por un instante la diferencia entre la inclusión en un sistema injusto y la definitiva exclusión, la diferencia entre un plato de comida caliente y el hambre. No rechazo ese verano, rechazo la ilusión que promete.


El libro, el autor


Daniel Sorín nació en Buenos Aires en 1951. Novelista, ganó el premio Emecé de Novela en 1998 con Error de cálculo, y editó entre otros libros, El dandy argentino (2000), El hombre que engañó a Perón (2008) y La última carta (2013). Es editor, además, de las revistas culturales Abanico y La púrpura de Tiro. En John William Cooke, la mano izquierda de Perón encara una biografía política de uno de los más grandes ejemplos de lealtad, coherencia y lucha. El trabajo documental de Sorín es meticuloso y apasionado, dando a la palabra y los textos de Cooke el espacio necesario para iluminar el presente con claridad y honestidad intelectual nuestro presente. El autor es llano y directo, contextualizando y dando marco histórico y teórico a cada palabra de Cooke. Una biografía alejada de las cuestiones personales del personaje que se transita con deleite hasta la última página. El pensamiento y labor política y militante de John Cooke no podrían encontrar mejor homenaje que este libro.

martes, 21 de abril de 2015

El futuro llegó hace rato

Una lectura de Ciencia Ficción, Utopía y Mercado de Pablo Capanna

¿Está cumplido el ciclo de la ciencia ficción en la industria cultural? ¿Alguien puede levantar la mano para arrogarse el derecho a enterrarla? ¿Todavía puede la ciencia ficción configurar el imaginario del siglo XXI como lo hizo con el siglo XX? La relectura de la obra cumbre de Pablo Capanna, Ciencia Ficción, Utopía y Mercado, nos emplaza a cuestionarnos el lugar del género en nuestro tiempo y repasar la importancia capital de su aporte a la construcción del mundo tal como lo conocemos hoy en día. En 1966, Capanna (profesor de filosofía y periodista) había escrito el que se considera el primer ensayo en castellano destinado al género. Con un agregado extra notable: su trabajo le dio entidad a manifestaciones dispersas de cultura popular hasta ese momento subvaloradas o directamente despreciadas. Con los años, el autor corrigió, aumentó y actualizó este ensayo, hasta finalmente en el año 2006, terminarlo en la versión que nos ocupa en estas líneas.


I

Antes de la ciencia ficción hubo una pre ciencia ficción. Edgar Allan Poe, Lovecraft, Mary Shelley, comenzaron el camino. Más tarde el prolífico Jules Verne y H. G. Wells, entre otros, fijaron los cimientos sobre el que se edificaría el edificio. Capanna no duda en calificarlos. Del autor de De la tierra a la luna dirá que su tarea fue más pedagógica que revolucionaria. Anclada en una visión positivista, Verne exaltaba el individualismo, la libre empresa, el poder de la tecnología. Era el autor que preparaba a los administradores coloniales enseñando geografía y ciencia aplicada. Su imaginación era conservadora, sus predicciones se movían dentro de lo posible. En cambio Wells, más poético, no aplica la ciencia, la inventa. Arriesga y no siempre gana, jamás se refugia en la previsibilidad. En ese marco, juega con el tiempo, los extraterrestres, el darwinismo salvaje y enfermo. La máquina del tiempo y La guerra de los mundos son dos novelas perturbadoras. Por estas playas autores como Bioy Casares lo leyeron con devoción; ahí está eterna La invención de Morel, que tanto le debe al autor de La isla del Doctor Moreau. Pero no puedo dejar acá de referirme a mi experiencia personal como lector: 20.000 leguas de viaje submarino, de Julio Verne es un libro fundamental, envolvente y genial que significó mi primera experiencia movilizadora como lector.

II

Entrado el siglo XX, en 1926, un editor de publicaciones técnicas norteamericano llamado Hugo Gernsback funda una revista dedicada al tema y le puso nombre al género. Scientifiction fue la palabrita elegida, luego derivada a science fiction: la criatura tenía nombre y pronto también tuvo éxito. La industria hizo el resto: decenas de revistas con tiradas millonarias, los famosos pulps, formaron a generaciones de lectores y transformaron a un género literario en un fenómeno de masas único y fundante del imaginario colectivo del siglo. Los fans norteamericanos nombraron a Gernsback padre del género; para los europeos sólo fue el que trivializó el fenómeno haciéndolo masivo, perdiendo profundidad y calidad. Los pulps dedicados a la ciencia ficción mezclaron monstruos de ojos saltones, el hiperespacio y los platillos voladores, formando una legión de fans; el imaginario de varias generaciones quedó sellado a fuego con sus imágenes. Para la segunda mitad del siglo las revistas empiezan a dejar el sitial a la literatura, los académicos las descubren, le dan entidad y prestigio y aparecen los autores que generaron obras claves del género. Philip K. Dirk, Arthur C. Clark, Isaac Asimov, Ray Bradbury, entre muchísimos otros, plantaron mojones ineludibles convertidos en clásicos no ya sólo del género, si no de la literatura universal. Y más tarde, aparece el último estadio de la masividad: el cine y la tv. Kubrick, Spielberg, Riddley Scott, George Lucas. En 1968 se estrena 2001 Odisea del espacio, de Stanley Kubrick, obra cumbre del género y de la cinematografía, que provocó una revolución con novedosos efectos especiales y su historia metafísica basada en una novela de Clarke. Sin esta obra de arte, no hubiera podido existir Star Wars, por ejemplo, y toda la imaginería e industria que marcaron y siguen marcando a generaciones. En tv, la serie Star Treck (Viaje a las estrellas) configuró un verdadero fenómeno que atravesó la pantalla chica para transformarse en verdadero culto, con club de fans, convenciones e interpretaciones para todos los gustos. La ciencia ficción reunía ya el combo perfecto para la industria cultural: público creciente, prestigio académico y éxito comercial. Volvamos brevemente a lo personal: Encuentros cercanos del tercer tipo, de Steven Spielberg, es una historia genial, que marcó a fuego mi preadolescencia y que siempre tendré gusto en volver a ver.

III

¿Y por casa qué se cuenta? Algunos ven en la curiosidad científica del Lugones de Las fuerzas extrañas un acercamiento a lo que sería más tarde parte del género. Bioy, Borges y hasta el mismo Cortázar con algunos de sus relatos fantásticos se acercaron al tema. Promediando el siglo XX, empiezan a aparecer revistas de gran calidad y excelente tirada: Más allá, Minotauro, Hombres del futuro, El Péndulo. Además de las revistas locales, que repetían textos de las norteamericanas pero que empezaron con el tiempo a incluir cada vez más escritores locales, la historieta nos dejó un legado hoy convertido en leyenda. El eternauta de Héctor Oesterheld con dibujos de Solano López, trata un tópico clásico del género: la invasión extraterrestre dispuesta a destruir nuestro hogar, pero con un agregado: la historia la protagonizan personajes cercanos en lugares propios. Las calles de Buenos Aires, la cancha de River, el lenguaje y las costumbres de los héroes, todo remite a nuestro ámbito y nuestras cosas. Sumado a esto, la interpretación política: el héroe en grupo, la resistencia al invasor, la solidaridad. El eternauta es la cumbre de un género y su soporte (la ciencia ficción y la historieta) y una obra de arte popular inigualable, hoy ya parte del canon de nuestra literatura.

IV

Entre utopías, ucronías y anticipaciones, a veces mezclada con lo fantástico, la ciencia ficción coqueteó a los largo de los años con los curiosos científicos y técnicos, los divulgadores, los fantasiosos, las historietas y las películas clase B, los marcianos y los ovnis, las naves espaciales y las distancias siderales, los autores de culto y las sagas, navegando entre la metafísica, la religión o la simple curiosidad. Un género que dejó hace tiempo su adolescencia, pero que todavía puede entusiasmarnos como chicos. Un mundo paralelo en donde podemos torcer el pasado para crear un mejor presente, imaginar un futuro que nos permite construir utopías, anticiparnos e imaginar una forma de vivir que sentimos puede llegar a realizarse. Una superchería de imaginación pura, un género que existirá mientras tengamos la voluntad de jugar con el tiempo y la ciencia. Este ensayo ya clásico de Pablo Capanna nos invita a un placentero, documentado y erudito viaje por el maravilloso mundo de la ciencia ficción.

viernes, 13 de marzo de 2015

Vinilo XVI - Bicicleta


Cuando hoy en día hablamos de Serú Girán nos referimos a una banda clásica que trascendió generaciones y gustos musicales, transformando sus canciones y sus discos en éxitos incorporados definitivamente al ADN de eso que llamamos rock nacional. Sin embargo, no todo fue tan fácil al principio. Su primer disco, editado en 1978, fue recibido fríamente por la crítica y con indiferencia y hasta hostilidad por el público. Charly García, David Lebón, Oscar Moro y un jovencísimo Pedro Aznar, habían logrado un combo de poesía, precisión instrumental y armonización vocal inéditos, que no encajaban con el momento histórico, el más negro y tenebroso de la historia argentina. Tras la edición de La grasa de las capitales el genio de Charly vuelve a orientar la antena de su poesía hacia la sociedad y las cosas comenzaron lentamente a encaminarse. Artistas y público habían logrado enlazar sintonías.

Con la edición de Bicicleta en 1980 el esplendor artístico de Serú Girán brilló como nunca en un disco que es casi unánimemente considerado como el mejor de la banda. Charly destella como letrista y músico y el resto da lo mejor de sí para dejar un testimonio sonoro único e irrepetible. La placa abre con A los jóvenes de ayer, suite con aires tangueros y progresivos, de excelencia melódica y ambiciosa confección donde cada uno de los músicos  se luce en forma espléndida. En Cuanto tiempo más llevará la dupla compositora García-Lebón nos deja una pieza clásica. Pedro Aznar tiene su momento solista en Luna de marzo, anticipo de lo que este brutal bajista podía dar y una muestra de todas las inquietudes musicales que todavía tenía por explorar. El cuarteto brilla con Encuentro con el diablo, clásico de clásicos, en donde los cuatro héroes se muestran insuperables. Los tipos estaban componiendo páginas indelebles y clásicas de la música popular argentina.

Pero es el gran Charly García el que deja en el disco una marca eterna, una huella profunda, una poesía y una composición y ejecución brillantes en dos de las gemas más valiosas de su prolífica producción. En Canción de Alicia en el país cuenta como nadie qué es lo que pasa en una Argentina salpicada de sangre, con una letra en donde combina en dosis exactas metáforas oscuras (“…un río de cabezas aplastadas por el mismo pie / juegan criquet bajo la luna...”) con líneas del más crudo realismo (“…no tendrás poder, ni abogados, ni testigos…”). En Desarma y sangra, nos deslumbra y emociona con una lección de piano y poesía que ningún músico popular argentino pudo igualar jamás. La obra de un genio inigualable en estado de gracia. Serú plantaba un mojón altísimo de calidad, poesía y un profesionalismo escénico que sólo sería alcanzado años más tarde por bandas como Soda Stéreo. La música popular argentina alcanzaba una cumbre altísima que emociona volver y volver a escuchar.

sábado, 21 de febrero de 2015

Stella y los caprichosos de la pizza # 1

De las ideas más delirantes surgen los resultados más divertidos. Junto a mis amigos Cristian   Vázquez y Octavio Echevarría grabamos este primer capítulo de lo que dimos en llamar Stella y los caprichosos de la pizza, fruto de nuestras locas charlas improvisadas. Creo que se deja escuchar.